¿Cómo se muestra Dios a sí mismo?


Imagínate, por un momento, que eres Dios.  Tú creaste todas las cosas; incluyendo a los seres humanos. Los hiciste a tu propia imagen (Génesis 1:26-27) y deseas que se relacionen contigo de una forma especial.

¿No te darías a conocer a esos seres humanos que tu mismo has creado? ¿No les dirías lo que esperas de ellos? ¿No les dirías como podrían llegar a tener la relación que deseas tener con ellos?

Las personas que creen que no se puede llegar a conocer a Dios asumen que Dios, por alguna razón, se esconde a sí mismo de su creación. Pero Dios sí se muestra a sí mismo: a través de su creación, en la historia, en las páginas de la Biblia, y a través de su Hijo, Jesucristo. Veamos lo que Dios nos muestra acerca de sí mismo a través de sus hechos de revelación propia.

La creación muestra a Dios

Muchas personas al contemplar las profundidades del cosmos concluyen que Dios existe, que Dios tiene todo el poder y que Dios obra en orden y armonía. Romanos 1:20 nos dice: “Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa”.

Al ver los fabulosos cielos de Dios el rey David se maravilló de que Él deseara que los seres humano lo notaran, y eso que parecemos tan insignificantes al lado de Dios: “Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste, me pregunto: ¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta? (Salmo 8:3-4).

El patriarca Job dudó de Dios. Dios contestó describiendo muchas de sus maravillas; y así reveló su autoridad ilimitada y sabiduría. Job fue humillado con el intercambio. Puedes leer el “discurso” de Dios en los capítulos 38-41 del libro de Job.

Job reconoció: “Yo sé bien que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar ninguno de tus planes… Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas… De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos” (Job 42:2-3, 5).

El propósito de Dios para la humanidad

¿Cuál fue la intención de Dios cuando hizo todas las cosas y nos dio vida? Pablo le explicó a los ateneos: “De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren. En verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros, ‘puesto que en él vivimos, nos movemos y existimos’. Como algunos de vuestros propios poetas griegos han dicho: ‘De él somos descendientes’ ” (Hechos 17:26-28).

O, simplemente, como escribió Juan: “Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

La historia muestra a Dios

Los escépticos preguntan: “Si Dios es real, ¿por qué no se muestra al mundo?”. Esta pregunta asume que Dios aún no se ha manifestado a la humanidad.

Sin embargo, el registro bíblico revela que no hay base para esta suposición. Ya que, de hecho, desde el tiempo de la primera familia en adelante, Dios frecuentemente se ha puesto en comunicación directa con los seres humanos.  Pero ellos, en su mayor parte, ¡No han querido tener nada que ver con Dios!

La historia de Adán y Eva describe la reacción típica de la humanidad. Dios había creado a esta gente y les habló directamente a ellos. Pero ellos lo desobedecieron, y después se escondieron de Él. “Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera” (Génesis 3:8).

El libro de Isaías lo expresa de esta manera: “Son vuestras iniquidades las que os separan de vuestro Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar” (Isaías 59:2). La desobediencia nos separa de Dios, nos hace tener miedo de Dios, nos hace desear una distancia entre nosotros y Dios. La Biblia está llena de ejemplos de como Dios buscó a los humanos pecadores; pero ellos lo rechazaron.

Noé, un “predicador de la justicia” (2 Pedro 2:5), advirtió a su mundo acerca del juicio venidero de Dios. Pero ellos no escucharon; y perecieron en el diluvio. Dios destruyó a las pecaminosas Sodoma y Gomorra en despliegue de fuego (Génesis 19:28). Pero esta reprensión no convenció a nadie a cambiar sus costumbres.

La mayor parte del Antiguo Testamento relata como Dios obró con la nación de Israel. Pero Israel frecuentemente no quería escuchar a Dios. “Háblanos tú, y te escucharemos. Si Dios nos habla, seguramente moriremos”, dijeron (Éxodo 20:19).

Dios también intervino en los asuntos de grandes poderes como Egipto, Nínive, Babilonia y Persia. Pero los efectos no duraron mucho.

Muchos de los siervos de Dios sufrieron muertes horribles en las manos de aquellos a quienes les trajeron el mensaje de Dios. La gente rechazó a los mensajeros de Dios porque no les gustaba el mensaje. No les gustaba lo que Dios estaba diciendo a través de sus siervos, porque Dios no les gustaba.

En Hebreos 1:1-2 leemos: “Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo”. Jesucristo vino al mundo a predicar el evangelio de salvación y el reino de Dios. ¿El resultado?: “El que era luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de él, pero el mundo no lo reconoció” (Juan 1:10). Lo mataron.

Jesús, como Dios en la carne, estaba expresando la preocupación amorosa de Dios por su pueblo cuando exclamó: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!

Dios se ha mostrado a sí mismo de muchas formas diferentes, pero la mayoría de las personas no han querido ver  ni aún lo poco que han visto.

El registro bíblico

La Biblia muestra a Dios de estas maneras:

La Biblia contiene declaraciones que Dios hace  sobre quién es.

En Éxodo 3:14, Dios le reveló su nombre a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY”. El nombre de Dios muestra que existe por sí mismo, vida eterna. Los otros nombres de Dios, los cuales se encuentran a través de la Biblia, ofrecen una idea sobre lo que es y quien es.

“Yo soy el SEÑOR, y no hay otro; fuera de mí no hay ningún Dios…. Fuera de mi no hay otro Dios; Dios justo y Salvador, no hay ningún otro fuera de mí” (Isaías 45:5, 21).

En Isaías 55:8, Dios nos dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son los míos”. Dios existe y actúa en un nivel más alto que el de nosotros los seres humanos. No podemos entender todo lo que Él es, o todo lo que Él hace.

Jesucristo se describió a sí mismo como el “yo soy” quien vivió antes de Abraham (Juan 8:58). Él era Dios encarnado. Él mismo se llamó “la luz del mundo” (Juan 8:12), “la puerta” hacia la vida eterna (Juan 10:9), “el buen pastor” (versículo 11), y como “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6).

La Biblia registra declaraciones que Dios hace sobre lo que Él efectúa:

Lo que una persona hace revela bastante sobre lo que es. De la misma manera las declaraciones bíblicas sobre los hechos de Dios nos lo muestran más a nosotros.

“Yo soy el SEÑOR, que ha hecho todas las cosas, yo solo desplegué los cielos y expandí la tierra”, dice Dios en Isaías 44:24. Dios hizo todo lo que es. Y Dios gobierna lo que ha hecho.

Dios también declara lo que hará en el futuro: “Yo soy Dios, y no hay ningún otro, yo soy Dios, y no hay nadie igual a mí. Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo” (Isaías 46:9-10).

Dios ama al mundo, y envió su Hijo para la salvación del mismo: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Por medio de Jesús, Dios está trayendo hijos a su familia. “El que salga vencedor heredará todo esto, y yo seré su Dios y él será mi hijo” (Apocalipsis 21:7).

Acerca de nuestro futuro Jesús dice: “¡Mirad que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y la pagaré a cada uno según lo que haya hecho” (Apocalipsis 22:12).

La Biblia registra las palabras de seres humanos que describen lo que Dios ha hecho y está haciendo:

Dios, como un Creador amoroso, formó a los humanos a su propia imagen y les dio dominio sobre la tierra (Génesis 1:26).

He aquí como se sintió Dios cuando vio la tierra corrompida por el mal que la humanidad había hecho: “Se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón” (Génesis 6:6). Dios respondió a la maldad del mundo enviando el diluvio para comenzar la civilización de nuevo a través de Noé y su familia (Génesis 7:23).

Siglos después del diluvio, Dios llamó al patriarca Abraham y estableció con él un pacto a través del cual “¡por medio de ti serán bendecidas todas las familia de la tierra!” (Génesis 12:1-3); una referencia a Jesucristo, un descendiente de Abraham.

Cuando Él formó a la nación de Israel, Dios sobrenaturalmente los trajo a través del Mar Rojo y destruyó al ejército egipcio: “Arrojando al mar caballos y jinetes” (Éxodo 15:1).

Los israelitas quebrantaron su acuerdo con Dios y se entregaron a la violencia y la injusticia. Por eso Dios permitió que la nación fuera atacada por poderes extranjeros y, finalmente, que fuera expulsada de la Tierra de Promisión a la esclavitud (Ezequiel 22:23-31; 36:15-21). No obstante, el Dios misericordioso prometió enviar al mundo un Redentor quien establecería un pacto eterno de justicia con todos aquellos, israelitas o de otras naciones, quienes se volvieran a Él en fe y se arrepintieran de sus pecados (Isaías 59:20-21).

A su debido tiempo Dios envió a su Hijo, Jesucristo al mundo. Él proclamó: “Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final” (Juan 6:40). Dios aseguró: “Porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:13).

Hoy, Dios habilita a su iglesia para predicar el evangelio del reino “en todo el mundo como testimonio a todas las naciones” (Mateo 24:14). El día de Pentecostés después de la resurrección de Jesucristo, Dios envió al Espíritu Santo para unir a la iglesia como el Cuerpo de Cristo y para habilitar la predicación del evangelio, las buenas nuevas de lo que Dios está haciendo (Hechos 2:1-4).

La Biblia es un libro sobre de Dios y sobre la relación de la humanidad con Él. Su rico mensaje nos invita a un estudio de por vida para aprender más de Dios, incluyendo lo que Él es, lo que ha hecho, lo que hace, y lo que piensa hacer.

Pero conocemos de manera imperfecta. No podemos saberlo todo sobre Dios, pero podemos entender lo que nos ha revelado. La Biblia nos muestra qué y quién es Dios:

  •   Existe por sí mismo
  •   No restringido por el tiempo
  •   Sin límites en cuanto a lugar
  •   Sin límites en cuanto a poder
  •   Sin límites en cuanto a conocimiento
  •   Trascendente (existiendo más allá del universo físico)
  •   Inmanente (involucrado con el universo)

Pero exactamente ¿qué es Dios?

Supongamos que estás en una clase en la cual la profesora está tratando de darte un entendimiento más profundo de Dios.  Pide a sus alumnos que cierren sus ojos, se relajen y se imaginen a Dios en sus mentes. “Pensar acerca de como se debe ver, cómo será su trono, como sonará y qué acontecerá a su alrededor”. Los alumnos se sientan en sus sillas, con los ojos cerrados, por largo tiempo, cada uno soñando una imagen de Dios. “¿Cómo os va?”, les dice le profesora. “¿Podéis ver a Dios? Cada uno debe de tener ya alguna imagen. Pero ¿sabéis que?; y después la profesora sorprende a la clase diciéndoles: “¡Ese no es Dios!”

“¡No!” les declara la profesora a la atenta clase. “¡Ese no es Dios! ¡No podéis contener a Dios en vuestra mente! ¡Ningún ser humano puede comprender completamente a Dios, porque Dios es Dios, y los seres humanos son solamente físicos, criaturas finitas! Ninguna imagen, ninguna descripción le queda bien”.

¿Por qué es difícil describir quién y qué es Dios? Porque, como seres físicos, nuestro conocimiento llega a nosotros por medio de nuestros cinco sentidos; y los idiomas humanos están diseñados de acuerdo a este conocimiento. Nuestras palabras, nuestra gramática, nuestra manera de pensar, todas están basadas en el mundo físico.

Pero Dios es sobrenatural, eterno, infinito e invisible. Claro está, todavía podemos hablar con sentido acerca de Dios, aunque estamos limitados por nuestros sentidos físicos, pero nuestras palabras nunca pueden transmitir todo lo que Dios es. Estamos limitados en nuestros idiomas.

Realidades espirituales, lenguaje humano

Dios nos muestra facetas de sí mismo a través de la creación. Ha intervenido muchas veces en la historia. La Biblia nos dice bastante sobre de Él. Aun se manifestó a sí mismo en diferentes maneras a diferentes pueblos en la Biblia. Sin embargo, ya que Dios es espíritu, su plenitud no puede verse o escucharse o tocarse u olerse. La Biblia nos da verdades acerca de Dios utilizando palabras que los seres físicos, en su esfera física, pueden captar. Pero esas palabras no son capaces de definir completamente a Dios.

La Biblia describe a Dios como una roca y amparo (Salmo 18:2), como un refugio y un escudo (Salmo 144:2) y como un fuego consumidor (Hebreos 12:29). Sabemos que Dios no es ninguna de estas cosas físicas en un sentido literal. Pero estas metáforas, basadas en lo que nosotros como humanos podemos observar y entender, revelan verdades importantes acerca de Dios.

La Biblia hasta atribuye una forma humana a Dios, revelando aspectos de su carácter y su relación con los seres humanos.

La Biblia también describe como Dios desea que nos relaciones con Él, frecuentemente utilizando lenguaje familiar. Jesús nos enseñó orar a nuestro “Padre” que está en el cielo (Mateo 6:9). Dios confortará a su pueblo como una madre consuela a su hijo (Isaías 66:13). En Apocalipsis 21:7, Dios promete: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo”.

Sí, Dios llama a los cristianos a una relación familiar; a ser sus hijos. La Biblia pinta el cuadro en una forma que los seres humanos podamos entender. Pero el cuadro, para usar un término del mundo del arte, es impresionista. No nos da un entendimiento total o absoluto de la gloriosa realidad espiritual fundamental. El gozo y la gloria de nuestra relación espiritual fundamental como sus hijos son mucho mayores de lo que nuestras palabras finitas pueden expresar.

“Más a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” (Juan 1:12-13).

En la resurrección, cuando haya llegado la plenitud de la salvación y del reino de Dios, por fin podremos conocer plenamente a Dios. Como escribió Pablo: “Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido” (1 Corintios 13:12).

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”

La revelación de Dios de sí mismo, como hemos visto, abarca la creación, la historia y la Biblia. Pero Dios también se reveló a sí mismo al hacerse humano. Él se hizo como nosotros y caminó y sirvió y enseñó entre nosotros. El mayor acto de Dios de revelación propia fue en Jesucristo. “Y el Verbo se hizo hombre”, Juan 1:14 nos dice, y este Verbo divino lo conocemos como Jesucristo. El Hijo de Dios dejó a un lado las prerrogativas de la divinidad y vino a la tierra como un ser humano; plenamente humano, quien murió por nuestros pecados, fue resucitado de entre los muertos, y comenzó su iglesia.

La venida de Cristo perturbó a la gente de su tiempo. ¿Por qué? Porque su imagen de Dios no era suficientemente grande, como veremos en los dos  capítulos siguientes. Sin embargo, Jesús les dijo a sus discípulos, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). En breve, Dios se había revelado a sí mismo en Jesucristo.

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