Pensamientos sobre la consciencia


Apareció impreso originalmente en el GCI Weekly Update del 4 de enero, 2017 en From the President

                                                                                               por Joseph Tkach

 

Los filósofos y los teólogos se refieren a lo que se llama el problema de la mente-cuerpo. Este no es un problema sobre la precisión en la coordinación, como cuando tomas un sorbo de una taza y expeles un poquito, y cuando lanzas dardos no aciertas ni uno. Al contrario, trata sobre si nuestros cuerpos son físicos, mientras que nuestras mentes son espirituales; o si los seres humanos son únicamente físicos o una combinación de lo físico y lo espiritual.

Aunque la Biblia no trata directamente el problema mente-cuerpo, asume un aspecto no físico de la existencia humana, distinguiendo en el Nuevo Testamento entre el cuerpo (carne) y alma (mente/espíritu). Aunque la Biblia no explica como se relacionan el cuerpo y el alma, o como interactúan exactamente, no los separa, ni los presenta como intercambiables, y nunca reduce el alma al cuerpo.

Al pensar sobre el problema mente-cuerpo es importante que empecemos con una enseñanza fundamental de las Escrituras: Los seres humanos no existirían, y no serían lo que son, separados de una relación real continua con el Dios Creador que creó todas las cosas y ahora sostiene su existencia. La creación, incluyendo a los seres humanos, no existiría si Dios se desconectara de ella de una forma total y absoluta. La creación no se ha producido a sí misma y no sostiene su existencia, solo Dios tiene existencia en sí mismo. Los teólogos se refieren a esto como la aseidad de Dios. La existencia de todas las cosas creadas es un regalo que procede del Dios que existe por sí mismo.

Dios creando los cielos y la tierra  por Tempesta  (dominio público Wikimedia Commons)

Contrario al testimonio bíblico, algunos afirman que el ser humano no es nada más que una cosa material. Pero tal afirmación provoca esta pregunta: ¿Cómo puede algo tan inmaterial como la consciencia de los seres humanos surgir jamás de algo tan inconsciente como la materia física? Y otra pregunta relacionada es esta: ¿Por qué existe la consciencia de la información sensorial de todas formas? Tales preguntas dan lugar a muchas otras con respecto a sí la consciencia es una mera ilusión, o es una propiedad real, aunque no física, relacionada con el cerebro material, sin embargo distinta de este.

Casi todos están de acuerdo que los seres humanos tienen consciencia (un mundo interior de pensamientos, imagines, sensaciones y sentimientos)—lo que es comúnmente referido como mente,  que es tan real para nosotros como nuestra necesidad de comida o sueño. Sin embargo, no hay acuerdo sobre la naturaleza y fuente de la consciencia/mente. Los materialistas consideran que surge solamente de la actividad electro-química del cerebro. Los no materialistas, incluyendo a los cristianos, consideran que es un fenómeno no material que no es idéntico al cerebro físico.

Las especulaciones sobre la consciencia entran en dos extensas categorías: La primera es el materialismo, que enseña que no hay tal cosa como un mundo espiritual invisible. La otra es el dualismo paralelo, que enseña que la mente puede no tener propiedades físicas, o ser no física totalmente, y por lo tanto no puede explicarse en términos puramente físicos. El dualismo paralelo considera el cerebro y la mente como interactuando y trabajando en paralelo—cuando se daña el cerebro, la habilidad de la persona para razonar puede verse impedida. Como resultado, la interacción paralela es también afectada.

En el caso del dualismo paralelo, cuando habla de personas, el término dualismo distingue entre la interacción observable y la no observable, entre el cerebro y la mente. Los eventos mentales conscientes que son exclusivos a nosotros como individuos, no son accesibles a otros. Las personas pueden cogernos de las manos, pero no pueden asir nuestros pensamientos privados, y la mayoría de las veces ¡agradecemos que Dios nos hiciera así! Más aún, ciertos ideales humanos, que tenemos en nuestras mentes no se pueden reducir a factores materiales. Esos ideales incluyen el amor, la justicia, el perdón, la alegría, la misericordia, la gracia, la esperanza, la belleza, la verdad, la bondad, la libertad, el libre albedrío y la responsabilidad—cosas que tienen que ver con el propósito y significado de la vida.

Como cristianos, nos referimos a lo que no es observable al explicar la actividad y acción de Dios en el mundo, que incluye lo que hace a través de los medios creados (la acción natural), o más directamente a través de la acción del Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo es invisible, su obra no se puede medir. Sin embargo, él actúa sobre y dentro del mundo material. Sus acciones no son predecibles, ni reducibles a las cadenas empíricas de causa y efecto. Esas obras de Dios incluyen no solo la creación en sí misma, sino también la encarnación, la resurrección, la ascensión, el envío del Espíritu Santo y el esperado regreso de Jesucristo para traer la consumación del reino de Dios y el establecimiento de nuevos cielos y nueva tierra.

Regresando al problema de la mente-cuerpo: los materialistas afirman que la mente puede explicarse físicamente. Ese punto de vista abre la posibilidad, pero no necesariamente, de que las mentes sean reproducidas artificialmente. Desde que se acuñó el término Inteligencia Artificial (IA), este ha sido un tema optimista de los desarrolladores informáticos y de los escritores de ciencia ficción. A lo largo de los años la IA se ha convertido en una parte esencial de nuestra tecnología. Programan los algoritmos en toda clase de máquinas, desde teléfonos móviles hasta automóviles. El desarrollo de los programas informáticos y de los ordenadores ha progresado hasta el punto que las máquinas han superado a las personas en experimentos.

En 1997, el ordenador Deep Blue de IBM derrotó al rey del ajedrez, Garry Kasparov. Kasparov acusó a IBM de engaño y exigió una revancha. Desearía que IBM no se hubiese negado, pero decidieron que la máquina había trabajado lo suficiente y simplemente retiraron a Deep Blue. En 2011, el programa de preguntas Jeopardy organizó un encuentro entre el ordenador Watson de IBM’s y dos de los campeones de Jeopardy más grandes. Los campeones perdieron por un margen significativo. No me resisto a afirmar que Watson, que estaba haciendo justo aquello para lo que fue designado y programado, no lo celebró, aunque los ingenieros programadores informáticos de IA y los creadores del ordenador, si lo hicieron. ¡Eso debería de decirnos algo!

Los materialistas afirman que no hay prueba empírica de que la mente esté separada y sea diferente del cuerpo. Razonan que el cerebro y la consciencia son la misma cosa, y que la mente de alguna forma surge de los procesos cuánticos del cerebro o de la compleja procesación cerebral. Desde la perspectiva de su punto de vista, no hay ningún proceso paralelo material. Uno de los llamados “ateos enfadados”, Daniel Dennett, va aún más lejos, afirmando que la consciencia es una ilusión. El apologeta cristiano, Greg Koukl, señala el fallo fundamental en el razonamiento de Dennett:

Si la consciencia no fuese real no habría forma de percibir que la misma era solo una ilusión. Si se necesita la consciencia para percibir una ilusión, entonces la consciencia no puede ser una ilusión en sí misma. De forma similar, uno tendría que ser capaz de percibir el mundo real y el ilusorio para saber que hay una distinción entre los dos y, en consecuencia, identificar al  mundo ilusorio como tal. Si todo lo que uno puede percibir fuera ilusorio, no sería capaz de reconocerlo como tal.

El método materialista, empírico, no puede detectar lo que no es material. Solo puede detectar los fenómenos materiales observables, que se pueden medir, probar y repetir. Pero si las únicas sosas que pueden existir son aquellas que pueden probarse empíricamente, entonces nada que es único, no repetible, puede existir. Y si ese es el caso, entonces la historia, de casos únicos, de una serie de eventos no repetibles, ¡no pueden existir! Aunque conveniente, es arbitrario para algunos declarar que pueden existir solo las cosas que pueden conocerse por un método particular y preferido. En pocas palabras, ¡no hay forma de demostrar empíricamente que existan solo las cosas empíricas/materiales! Es ilógico reducir toda la realidad a lo que puede ser detectado por este método. Tal punto de vista es a veces referido como cienticismo.

Este un tema muy amplio y solo he rascado la superficie, pero es importante. Nota el comentario de Jesús: “No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma…” (Mateo 10:28). Jesús no era materialista, claramente distingue entre el cuerpo físico, que incluye el cerebro, y un componente no material de nuestra humanidad que es la esencia de nuestra personalidad. Cuando Jesús nos dice que no permitamos que otros maten el alma, no es ir demasiado lejos al decir que él se está refiriendo a no permitir que otros destruyan nuestra fe y creencia en Dios, a quien no podemos ver, pero al que conocemos, y en quien confiamos, e incluso podemos sentir por medio de nuestra consciencia no física. Sin duda, nuestra fe en Dios es parte de nuestra experiencia consciente.

Jesús nos está recordando que nuestras mentes son parte integral de nuestra vida para seguirle como uno de sus discípulos. Nuestra consciencia nos da la capacidad para creer en Dios como Padre, Hijo y Espíritu. Nos ayuda a agradecer el don de la fe que nos da “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Nuestra consciencia nos capacita para conocer y confiar en Dios como Creador, para que “entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:1, 3). Nuestra consciencia nos capacita para experimentar la paz que sobrepasa a todo conocimiento, para saber que Dios es amor, para creer que Jesús es el Hijo de Dios, para creer en la vida eterna, para conocer el verdadero gozo, para saber que somos los amados hijos de Dios verdaderamente.

Gozo de conocer en mi mundo privado de pensamiento consciente al Dios trascendente.

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