
Cartas a los lectores

Madrid, 28 de abril de 2026
Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores y lectores de Verdad y Vida:
Junto con el pequeño pero fiel equipo de voluntarios que, con la imprescindible, incondicional y generosa ayuda de Dios, hace posible Verdad y Vida, nuestra página Web, www.comuniondelagracia.es, que en este año ya ha recibido hasta ahora más de de 7.700 visitas, y en total más de 200.100, y todos los demás aspectos del ministerio de la Comunión Internacional de la Gracia (CIG),mi esposa y yo deseamos y pedimos que estéis bien de salud, que es uno de los bienes más valiosos que tenemos, y que, a veces, no apreciamos hasta que lo perdemos, y siempre agradecidos por la nueva vida que Dios nos ha dado en Cristo.
Una de las reglas básicas en el periodismo es que el informador raramente es la noticia, sino los hechos o la noticia comunicada. Pero esta vez me vais a permitir que haga esa rara excepción. Es posible que algunos de vosotros os hayáis preguntado porqué Verdad y Vida no os ha llegado en los últimos días de junio, como debería de haberlo hecho.
Como afirmaba Pepe Isbert en la icónica película “Bienvenido Mr. Marshall: “…os debo una explicación”. El 24 de junio me tuvieron que poner una sonda suprapúbica por la retención de orina que estaba sufriendo. (5 días hospitalizado). Luego, quizás debido al propio tratamiento del ensayo en el que estaba participando, y que tuve que suspender por su toxicidad, sufrí una úlcera sangrante, que provocó que mi hemoglobina cayera a 6,7 cuando el límite mínimo inferior es de 13,00. Tuve que estar otros 6 días hospitalizado y recibir en total 7 unidades de sangre.
Desgraciadamente, el pasado 10 de julio tuve ser ingresado de nuevo. La sonda suprapúbica se me obstruyó y empecé a sufrir una infección de orina que me tuvo de nuevo internado en el hospital hasta el día 13 de julio.
Antes del 20 de junio este ejemplar de Verdad y Vida estaba prácticamente terminado, solo faltaba escribir mi editorial, esta carta circular que lo acompaña, formatearla, mandarla a imprimir, ensobrarla y franquearla, pero estos desafíos sobrevenidos han impedido enviarla hasta hoy.
Como estaba previsto el pasado día 20 de julio viajé a la Fundación Jiménez Díaz, después de haberlo hecho varios anteriormente para hacer todas las pruebas necesarias para poder participar en el ensayo. Así que, gracias a Dios, ese día empecé a ser tratado de nuevo después de haber estado casi dos meses sin tratamiento alguno. Hasta ahora apenas he sufrido algún efecto secundario. Con la ayuda de Dios me estoy recuperando bien del deterioro que han ocasionado los antibióticos para tratar la infección de orina. Pido a Dios, confío y espero que este nuevo tratamiento sea efectivo. Por favor, ruego y agradezco vuestras oraciones en este sentido.
Algunos de los que nos habéis enviado el consentimiento autorizándonos para incluiros en el grupo de audios de WhatsApp de las predicaciones de la congregación de Madrid, me habréis escuchado decir que, generalmente, cuando sufrimos desafíos como la enfermedad, los desastres, nos sobreviene lo inexplicable, etc., le hacemos a Dios la pregunta errada: “¿Por qué a mí?”, en lugar de: “¿Para qué Señor?”. “¿Qué puedo aprender?”.
Así que en el resto de esta carta deseo compartir con todos vosotros algunas lecciones que este desafío, que he estado pasando desde febrero, han traído a mi mente de una forma más vívida. Cada día he sentido la presencia íntima de Dios en mi vida, fortaleciéndome y alentándome, especialmente cuando estaba atravesando lo más difícil del desafío. La promesa de nuestro Se- ñor en Deuteronomio 31:6: “Sed fuertes y valientes. No temáis ni os asustéis…, pues el Señor vuestro Dios siempre os acompañará; nunca os dejará ni os abandonará”, ha rondado por mi mente más de una vez cada día. En los episodios de desafío, cuando uno es más consciente de la absoluta debilidad humana, la intimidad con Dios se fortalece.
El rey David sabía muy bien lo que era pasar por periodos de bonanza, así como por aquellos en los que sentía que su vida peligraba y estaba al borde de la muerte. Fue en uno de esos episodios que el Espíritu Santo lo inspiró a escribir el Salmo 23, describiendo con realismo los momentos de dolor y sufrimiento, así como aquellos en los que todo parece irnos bien, pero en las que ambas situaciones Dios está con nosotros dándonos aliento, consuelo y guía: “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta… La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre”.
Algo muy importante que Dios también me ha ayudado a refrescar en estos días es que la fe se fortalece en la debilidad. Porque es cuando nos sentimos inermes y desvalidos cuando aprendemos de verdad a depender de Dios. Cuando el atleta desarrolla sus músculos es cuando los ejercita y se esfuerza por llegar un poco más lejos, más rápido o levantar más peso. Lo mismo sucede con la fe: Mientras todo nos va bien, y vamos por la vida viento en popa, no nos hace falta la fe. Dios nos ayuda a fortalecer la fe cuando atravesamos por dificultades y desafíos, porque es cuando tenemos que depender de él, sí o sí. La experiencia del apóstol Pablo nos afirma esta realidad. Él tenía un problema, probablemente de salud, quizás la pérdida de su vista por lo que escribió en Gálatas 4:15: “Pues bien, ¿qué pasó con todo ese entusiasmo? Me consta que, de haberos sido posible, os habríais sacado los ojos para dármelos”, y le pidió tres veces a Dios que se lo quitara. Pero, ¿cuál fue la respuesta divina?: “«Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. Por eso me regocijo en las debilidades… porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9-10).
Dios hace que de todas las circunstancias por las que atravesemos nos ayuden para bien, de acuerdo a su propósito para nuestras vidas: “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28).
Agradezco de todo corazón los mensajes de ánimo y apoyo, que me habéis enviado, y especialmente las oraciones por mi restablecimiento.
En nombre de Jesucristo, en el de los demás miembros de la Junta Directiva, y en el mío propio, muchas gracias por vuestros donativos que, junto a los de todos nosotros, hacen posible que nuestro ministerio siga respondiendo a la invitación que Dios nos hace a participar en la obra que Jesucristo continúa haciendo para el Padre en beneficio de los seres humanos. Por favor, encontrar adjunto el recibo actualizado de vuestros donativos, aquellos hermanos a los que se los imprimimos trimestralmente.
No, no nos hemos olvidado de vosotros, nuestros queridos lectores. Os amamos en el Señor y deseamos lo mejor a cada uno y a vuestras familias. ¡Guardaos de estos calores y que pasemos un buen verano !El pequeño, pero fiel equipo de colaboradores directos en nuestro ministerio, mi esposa y yo deseamos y pedimos que Dios nos llene de su amor, paz y consuelo y nos ayude a reconocer que su propósito para nosotros es llevarnos a la plenitud de su reino, donde solo habrá gozo y armonía en relación eterna con él, y los unos con los otros, sin importar por la estación de nuestras vidas por la que estemos pasando ahora. Recibid un afectuoso abrazo fraternal con amor en Cristo de parte de mí esposa y mía.
Pedro Rufián Mesa
Director-Editor de Verdad y Vida
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