¿Existe Dios? Probablemente…


Puede creer en Dios, pero, ¿puede probar a alguien más que él existe? No esté tan seguro.

                                                                     por John HalfordJOHN HALFORD

¿Puede demostrarme que Dios existe? Es una pregunta desafiante. ¿Dónde comenzar?. El lugar obvio parecería ser la creación, las maravillas del universo y el milagro de la vida misma. No podría haber ocurrido por que si, ¿o sí? ¿Prueba la realidad de una creación que hay un Creador?

La sorprendente respuesta es: ¡No necesariamente¡. Lo que indica es que Dios existe probablemente. «Probablemente» significa tener más evidencia a favor que en contra, dando cierta base para creer. Pero «probablemente» no es, o por lo menos no debería ser suficiente para convencer a un no creyente para que creyera en Dios.

En mi carrera como periodista he entrevistado a muchos científicos eminentes que son dedicados cristianos. Hay más de los que pudiésemos pensar, y todos han dicho lo mismo. Lo que vemos alrededor nuestro nos da la evidencia, pero no la prueba de la existencia del Creador.

Estos hombres y mujeres no tienen dudas personales, pero tienen el cuidado de decir que la base de su fe no es la evidencia científica. Lo que han descubierto en las ciencias naturales, de su a menudo brillantes carreras, puede haber reforzado su creencia y reverencia por el Creador. Pero los descubrimientos científicos por muchos que sean, jamás probarán que Dios existe. He aquí el por qué.

El método científico

La mayoría de los científicos trabajan con cuidado y metódicamente, son reacios a decir que algo es un hecho probado hasta que están seguros. Se aseguran procediendo paso a paso a través de lo que se conoce como el método científico. Funciona de esta forma: Primero, reúnen la información pertinente experimentando y observando, después la analizan sistemáticamente  Eventualmente sugieren una hipótesis, en otras palabras: «esta puede ser la forma en que», y finalmente una teoría: «esta parece ser en verdad la manera en que».

Después, otros científicos deben probar su teoría, y ésto puede suponer que sea ajustada, adaptada o incluso rechazada. Pero esta es la forma en que los científicos se disciplinan a sí mismos para llegar a la comprensión de los hechos y de las leyes del mundo natural.

En la vida real no es tan desapasionado u objetivo como eso, porque los científicos tienen emociones, opiniones y orgullo como el resto de nosotros. Pero al utilizar el método científico, la ciencia ha llegado a ser muy buena para contestar la clase de preguntas que la ciencia puede contestar. No ha sido siempre así.

Viejas creencias

Hasta hace unos cientos de años, muchos científicos creían que todo estaba constituido por cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire. La mayoría aceptaron sin cuestionarlo que la tierra era el centro del universo con el sol, la luna y los planetas girando alrededor de ella.

Pero aún cuando los antiguos tenían una idea muy incompleta del mundo natural, lo que ellos conocían les llenaba de asombro.

Para algunos era evidencia de la grandeza del Creador. «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos», exclamó el autor del salmo 19.

Aún con el limitado conocimiento de entonces, los creyentes se maravillaban de que alguien pudiera dudar de que el cosmos era la obra de un Creador maestro. «Porque lo invisible de él –su eterno poder y deidad– se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas; de modo que no tienen excusa», escribió Pablo en su epístola a los romanos.

Nuevas perspectivas

¡Hoy hemos descubierto tanto! Nosotros sabemos que somos tan sólo un pequeño planeta dando vueltas a una estrella de tamaño medio, que es una de las 100.000 millones de estrellas en una galaxia. Y sabemos que hay miles de millones de otras galaxias, todas con millones, billones e incluso trillones de estrellas.

Para el creyente, es una evidencia impresionante del Creador. Pero el incremento del entendimiento de los cielos no ha causado necesariamente que el hombre moderno crezca en asombro y conocimiento de Dios. Otras explicaciones para el origen y desarrollo del mundo natural han sido propuestas. Y desde un punto de vista científico éstas deben ser consideradas posibles hasta que se pruebe que están equivocadas.

En el otro extremo de la escala cósmica, hemos buceado más y más profundamente en el espacio interior. Los físicos de partículas nos han proporcionado una increíble información sobre los componentes finales de la materia física. Parece que nuestro «mundo real», en su nivel mas primario se disolviera en un trémulo enrejado de pura energía.

 Probabilidades en contra

Pero este universo inimaginablemente grande y perfectamente equilibrado, y lo intrincado de sus componentes más pequeños, todavía no prueban, más allá de la duda, que es todo la obra de un maestro Diseñador/Creador. Es posible creer que todo ésto es producto de la casualidad. Las probabilidades en contra lo hace improbable. Pero es posible.

Incluso el milagro aparente de la vida ha sido explicado sin la necesidad de un Creador. Cuanto más entendemos sobre la genética, más improbable parece esto. Las probabilidades de que se de todo lo necesario para que la vida surja por casualidad son extraordinariamente improbables, pero no completamente imposibles.

Así pues, por muy convincentes que sean las maravillas de la creación para un creyente, es importante recordar que no son prueba incontrovertible de la existencia de Dios.

Aun la Biblia nos recuerda que no es el peso de la evidencia científica, sino que «por la fe comprendemos que el universo fue constituido por la palabra de Dios» (Hebreos 11:3). Otras explicaciones son improbables pero son, desde un punto de vista estrictamente científico, posibles. Y lo improbable puede ocurrir.

Mi nieto cumplió la ambición de su vida cuando tenía ocho meses. Agarrando el teléfono sin cable se escondió detrás del sofá y comenzó a dar en las teclas con deleite. Por casualidad  marcó un número que resultó ser el de la policía  que reaccionó rápidamente a los gorgoreos incoherentes que oían. ¡Mi hija encontró a un policía en su puerta preguntando si alguien estaba ahogándose!.

Las probabilidades del pequeño de acertar la secuenciación del número fue de una entre muchas docenas de millones. Pero ocurrió.

¿Cómo puede encontrar a Dios?

Científicamente, la existencia de Dios no ha sido demostrada más allá de toda sombra de dudas. Por eso no puede, científicamente, ser considerada un hecho. No hay cantidad de observación científica que pueda probarla, aunque pueda ciertamente aumentar el factor de probabilidades.

Pero Dios ha elegido no demostrar científicamente su existencia más allá de toda duda.

¿Por qué?. Porque la existencia de Dios no es solamente otra pregunta para ser resuelta. Si pudiera ser probada científicamente, sería otro fascinante hecho del universo colocado en su sitio cuando llegara el momento. Algunos conceptos falsos serían descartados y la existencia de Dios sería algo de lo que entonces estaríamos seguros. Ateos y agnósticos tendrían que cambiar su mentalidad, igual que los filósofos medievales tuvieron que cambiar sus ideas acerca de que la tierra era el centro del universo.

Pero no es sólo una cuestión de cambiar de mentalidad. El propósito de Dios, al revelarse a si mismo a su creación, es cambiar vidas. La búsqueda de Dios no puede ser otro ejercicio académico, conlleva una responsabilidad con implicaciones importantes y eternas. Es conocimiento que finalmente debe impactar en una forma personal al que lo busca.

Una vez discutí ésto con un eminente científico que había tenido una ilustre carrera como físico, académico y teólogo. Le pregunté a este hombre si podía pensar en un experimento que ayudara a un científico sinceramente inquisitivo a encontrar la prueba positiva de que Dios existía. El lo pensó por un momento, y después dijo: «Yo creo que tendría que pedirle que orara. Él tendría que pedir a Dios que contestara esa oración de una manera que pudiera entenderla».

Eso no es evitar el asunto. Es confrontarlo de frente. Él no podría, yo no puedo, usted no puede probar que Dios existe a nadie más. Deben hacerlo por sí mismos.

Un encuentro en Atenas

Hace aproximadamente dos mil años, el apóstol Pablo se enfrentó a los filósofos de la antigua Atenas con este asunto. El había predicado el evangelio como era su costumbre, primero en la relativa intimidad de las sinagogas, y después en los foros públicos. Su revolucionario mensaje de salvación a través de un Salvador crucificado despertó la curiosidad de los más influyentes habitantes de aquel antiguo centro de estudios. Le conminaron a aparecer ante ellos para preguntarle: «¿Podemos saber qué es esta nueva doctrina de la cual hablas? Pues traes a nuestros oídos algunas cosas extrañas; por tanto, queremos saber qué significa esto» (Hechos 17: 19-20).

Pablo no se sintió intimidado. Él conocía su audiencia y su tema. Los atenienses estaban profundamente interesados en los asuntos religiosos, y se consideraban a sí mismos sin prejuicios. Entre los muchos ídolos y templos de la ciudad, Pablo se había fijado en un altar al «Dios desconocido». Los atenienses, precavidos y supersticiosos, no querían pasar por alto a ninguna divinidad.

Pablo decidió revelar a este «Dios desconocido». Él explicó que este Dios era demasiado grande para ser rebajado al tamaño humano por sus adoradores. Él era el Creador del cielo y de la tierra, y no necesitaba un templo o altar. Él, el dador de la vida misma, no necesitaba nada de aquellos que él había creado.

¿Cómo pues, los simples mortales podrían alguna vez llegar a conocerle? Pablo explicó. Él se daría a conocer a aquellos que se acercasen a él. No tendrían que ir lejos, porque, «él no está lejos de ninguno de nosotros» (versículo 27).

Una relación con Dios

Pero este Dios desconocido, que no debería ser tan desconocido, no se revelaría a sí mismo solo para satisfacer la curiosidad intelectual. El entendimiento de la existencia de Dios no debería ser el final de un argumento, sino el comienzo de una relación.

Aquí está pues la razón por la que la existencia de Dios es al final una cuestión que sólo uno puede contestar para sí mismo. Hoy, como nunca antes, los cielos y todo lo demás que examinamos, están mostrándonos más de la obra del gran Creador, a aquellos con ojos para ver y oídos para oír. Nuestros descubrimientos ensanchan nuestro entendimiento y quizás aumenten nuestro asombro y reverencia por Dios, pero la prueba final de su existencia, de la existencia de un Creador es un viaje muy personal y muy íntimo.

No hay un atajo para probar que Dios existe. Pero tampoco hay necesidad de uno. Como dijo Pablo a los atenienses, Dios no está muy lejos de cada uno de nosotros.

El primer paso hacia él puede ser algo tan simple como una oración experimental pidiendo una respuesta que el sincero buscador entenderá.

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