Los Diez Mandamientos NO son la base del Amor

 

Dios entrega la Ley a MoisésLa Palabra de Dios es como es, la aceptamos o no. No es para que el ser humano la ande modificando, sino para que aprenda y se guíe por ella y saque conclusiones de toda. Sin duda que para apreciar que los Diez Mandamientos son sólo una porción muy limitada de la voluntad de Dios para el ser humano, en un tiempo concreto, para un pueblo concreto, tenemos que estudiar como Cristo vino a magnificar la ley y algo que es fundamental, reconocer que los Diez Mandamientos no son la base del amor, sino el amor la base de los 10 mandamientos.

También es de importancia que notemos que este pasaje en Isaías no dice “magnificará los Diez Mandamientos (Is. 42:21)” (que quizás es lo que inconscientemente leamos, pero que no debemos leer). Lo que dice es que “hará grande y gloriosa la ley” sin hacer ninguna restricción sobre cuales leyes. Siempre hemos comprendido que Jesús cumplió este pasaje parcialmente en el Sermón del Monte.  Allí vemos a Jesús citando el sexto y séptimo mandamientos como ejemplos de la necesidad de Israel de ver más allá de la letra de la ley a la justicia del corazón que más cabalmente refleja la mente de Dios. Pero notemos que Cristo no citó en el Sermón del Monte solamente de los Diez Mandamientos.  En ese famoso pasaje también citó de otras partes de la ley de Moisés. Mt. 5:32 “Pero yo os digo que todo aquel que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de adulterio, hace que ella cometa adulterio. Y el que se casa con la mujer divorciada comete adulterio” (Citado de Dt. 24:1). “Además, habéis oído que fue dicho a los antiguos: No jurarás falsamente; sino que cumplirás al Señor tus juramentos” (Citado de Lv. 19:12, y Dt. 23:23). Cuando nosotros consideramos estos pasajes, podemos ver que Cristo magnificó la ley, en algunos casos suprimiendo el estatuto del Antiguo Pacto. Esto es, el Antiguo Pacto permitía y regulaba los juramentos, pero Cristo nos dice a sus seguidores, “no jurar”. El Antiguo Pacto permitía el divorcio en varias situaciones dudosas, pero Cristo restringe severamente esos supuestos. El Antiguo Pacto permite “el ojo por ojo”, el principio de una justa retribución, pero Jesús nos dice, no resistir al que nos quiere hace mal y amar a nuestros enemigos.

Por supuesto que después de haber visto estas dos premisas, podemos preguntarnos, si los Diez Mandamientos son parte de lo que ha sido derogado entonces, ¿es el nuevo Pacto antinomianista?  ¿Alegal, sin ley?  La respuesta es que las obligaciones reales del pueblo de Dios son más extensas, no menos, bajo el Nuevo Pacto.  El apóstol Pablo nos dice que él y nosotros estamos bajo la ley de Cristo, I Co. 9:21 “A los que están sin la ley, me hice como si yo estuviera sin la ley (no estando yo sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), a fin de ganar a los que no están bajo la ley”.

Los Diez Mandamientos cubren un amplio abanico de la conducta humana, pero no encierran a la totalidad de la misma. Por ejemplo, no encontrarás que los Diez Mandamientos prohíban el orgullo, no así la ley de Cristo que es todo aquello que el mismo Cristo nos enseñó que debemos de observar o lo que Él le mostró a los discípulos que debemos de guardar Fip. 2:3 “No hagáis nada por rivalidad ni por vanagloria, sino estimad humildemente a los demás como superiores a vosotros mismos”. En ese sentido los Diez Mandamientos son una expresión parcial de la voluntad de Dios para su pueblo, codificada para un especifico grupo nacional durante un dispensación especifica.  Los principios eternos en aquella ley, aquellos que reflejan la mente y el carácter permanente de Dios, son ciertamente requeridos de todos nosotros, esos tienen que ver con el amor a los demás y cuidado del medio que Dios nos dio.

El error que ha llevado a que muchos pensadores consideren que Dios no se refirió a problemas actuales como el racismo, la agresión al medio ambiente etc., es sin duda que se ha hecho todo el énfasis sólo en los Diez Mandamientos, en lugar de hacerlo en las enseñanzas del amor que Jesucristo y el Espíritu Santo después enseñaron (Juan 16:12), magnificando así la ley y levantando así la ley espiritual a la que tenemos que estar conformándonos, en el proceso diario de santificación, guiados por el amor de Dios en nuestros corazones, pero siempre sabiendo que nunca vamos a llegar a la estatura de la plenitud de Cristo en esta vida, sino que Cristo nos la dará por gracia, por medio de la fe, en el día de la transformación a su venida.

Veamos algunos puntos que magnifican la ley, haciéndola la ley espiritual, la ley de Cristo, y que cubren mucho más que los Diez Mandamientos:

‑ Dios único: Mt. 22:37‑40, 1 Tim. 2:5

‑ Idolatría no es sólo hacerse imágenes: 1 Cor. 10:14, Gá.5: 20‑21, Col. 3:5 la avaricia es idolatría.

‑ No tomar el nombre de Dios en vano: No jurar en ninguna manera así no se toma su nombre en vano, Mt. 5:33‑37.

‑ El sabbath eran 24 horas para el descanso físico y para dedicar algún tiempo a Dios. Hoy entramos en el reposo de Dios por medio de la fe en Cristo, He. 4:1‑3, Mt. 11:28. Pero Dios hoy espera que estemos en contacto constante con Él porque Él mora en nosotros, 1 Ts. 5:17, 18‑23.

‑ Honrar a padre y madre: Ef. 6:1‑4

‑ No matar: Ni siquiera maldecir Mt. 5:21‑22. Más aún tenemos que amar a los enemigos,  Mt. 5:48. Puedes matar a otros, las futuras generaciones, si no tomas cuidado del medio ambiente, no destruir la tierra: Ap. 11:18.

‑ No cometer adulterio: Ni siquiera mirar a una mujer para codiciarla, Mt. 5:27‑30, y por  supuesto Cristo incluye el adulterio espiritual si mezclamos la voluntad de Dios con la de este mundo.

‑ No hurtar no sólo no teniendo pesas falsas o tomando lo ajeno, sino no dando un salario injusto al trabajador tampoco, Col. 4:1.

‑ No levantar falso testimonio, Mt. 15:19, Lc. 3:14. 1 Tim. 1:9

‑ No codiciar lo ajeno, Mt. 6:19‑20,24‑25, 31‑33, Mt. 13.22, Mr. 7:21‑23, Lu. 12:15,  1 Co. 5:11, Ef. 5:2‑5.

Sólo en estos versículos hay una serie de conductas que no están mencionadas en los Diez Mandamientos

La esclavitud y el racismo: 1 Co. 7:21‑23, Gá. 3:28. Cristo no hace acepción de personas y Él nos ha llamado a hacer lo mismo Hch. 10:34, Ro. 2:11; Gá. 2:6, Ef. 6:9, Col. 3:25, Stg. 2:1,9.

Romanos 13:7‑10 “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, salvo el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley. Porque los, mandamientos ‑‑no cometerás adulterio, no cometerás homicidio, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento‑‑ se resumen en esta sentencia: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley”. El amor es el cumplimiento de la ley, el amor va más allá de los Diez Mandamientos, el amor es la expresión de la Ley de Cristo, por la que él vivió y vive. Pablo no dijo que el amor son los Diez Mandamientos, dice que el que vive practicando el amor a Dios y a los demás cumple con la ley.

Sin lugar a dudas que la ley espiritual, la ley de Cristo, la ley que Dios escribe en nuestros corazones (Jr. 31:33‑34) es mucho más abarcadora que los Diez Mandamientos, no tiene que ver sólo con los hechos como aquella, sino también con las actitudes, las intenciones y los pensamientos. De una forma u otra en intención menciona cada uno de los problemas que la sociedad de hoy se plantea, el racismo, el medio ambiente etc.

Los Diez Mandamientos son limitados también en que son limitativos, dicen lo que NO se debe de hacer, la ley de Cristo es proactiva, nos dice lo que SI tenemos que hacer para caminar en la nueva vida de su voluntad, caminar en el amor. Si se hubiese hecho más énfasis en las enseñanzas de Cristo que en los Diez Mandamientos muchos racionalistas no podrían decir lo que dicen.

Uno de los problemas que tenemos es la de mantener la objetividad. Podemos leer una palabra o expresión en la Biblia y enfrentarnos con las asociaciones emocionales que hemos tenido cuando esas palabras han sido usadas en el pasado. Una de las palabras que tienen una gran carga emocional, es “mandamientos”, siempre asumimos que se está refiriendo a los Diez mandamientos, cuando especialmente en el Nuevo Pacto no se está refiriendo a ellos, sino a los mandatos de Jesucristo, I Jn. 2:3‑6 “En esto sabemos que nosotros le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. El que dice: “Yo le conozco” y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios ha sido perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él debe andar como él anduvo”. Son las últimas palabras las que nos dicen a que se está refiriendo Juan, a los mandatos dados por Jesús que sin duda recogen la forma en la que él anduvo. Lo mismo sucede en cada una de las siguientes situaciones, “que casi siempre se refieren a los mandamientos que Jesús le dio a sus discípulos, y otras veces se refieren al conjunto de los mandamientos divinos (Jn. 10:18, 12:49; 13:34; 14:15, 21; 15:10, 12; 1 Jn. 2:3,4,7,8; 3:22-24; 4:21; 5:2, 3; 2 Jn. 4:6; Ap. 12:17; 14:12; 22:14). El sustantivo aparece aquí en plural, con artículo determinado (que no se traduce) y con pronombre posesivo (<<sus>>). También en 1 Co. 7:19; 14:37; 1 Ti 1:5; 6:14 (Las Cartas de Juan, Hartmut Beyer. Edi. Clie, ISBN 84-8267-108-1).

Esperamos y pedimos al Señor que este estudio te ayude a ver lo que Dios dice en su Palabra y poder entender mejor su santa voluntad para ti que es lo que verdaderamente importa 2 Cor. 3:4‑18.

(El propósito de este estudio no es polemizar ni sembrar dudas en las creencias de otros cristianos, sino el de exponer lo que la Palabra de Dios dice según nuestro mejor entender).

                                         COMUNIÓN INTERNACIONAL DE LA GRACIA 2000 ©                                                                                      Viviendo y compartiendo el Evangelio                                                                                                                    Apdo. 185                                                                                                                            28600 NAVALCARNERO, (Madrid)                                                                                        http://www.comuniondelagracia.es  /  http://www.gci.org/                                         Tels. 91 813 67 05 ó 626 468 629

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