¿Qué es el vestido de bodas que el invitado no llevaba puesto?


La Parábola de los invitados a las bodas

                                                                                        Por Pedro Rufián Mesa  Pedro Rufián como en VV OCT-2013

Vamos a empezar leyendo el texto en Mateo 22:1-14 “Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: ‘El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey,   se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos’”.

Bendición del matrimonio Denoel y SuzanaUna boda requiere una cantidad ingente de preparativos y detalles.  Recuerdo la gran cantidad de trabajo que supuso para ni prometida, entonces, preparar todos los aspectos de nuestra boda, y que nunca le agradeceré lo suficiente. Aconteció así ya que yo acabaría de terminar los estudios en Ambassador College, en los Estados Unidos, y viajaría a España justo para la boda. Después nos fuimos de viaje de novios a las Islas Canarias tres semanas y desde allí continuamos viaje hasta Santiago de Chile, donde serviríamos como asistentes ministeriales.

Para explicar la realidad espiritual del reino que él traía, Jesucristo usaba situaciones y hechos de la vida cotidiana con la que sus oyentes estaban familiarizados. Una de ellas sin duda eran las bodas judías que duraban hasta una semana y eran acontecimientos de gran alegría y regocijo.

Un problema que muchas veces se pasa por alto a la hora de interpretar correctamente un texto, es traer a nuestro tiempo lo que leemos y sacar conclusiones basados en la realidad de nuestra experiencia contemporánea. Pero una correcta hermenéutica y exégesis nos exige todo lo contrario, esto es: tratar de conocer al máximo el contexto histórico, usos y costumbres de la época a la que se refiere el texto que estamos estudiando. 

¿Como eran las bodas en el tiempo de Jesús?                                                                                 Diferentes historiadores, expertos en historia judía del primer siglo, dicen que el pretendiente iba a la casa del padre de la chica con una gran suma de dinero, un contrato de matrimonio escrito por las autoridades religiosas y pagado por el pretendiente y un odre lleno de vino.

Inmediatamente que un joven entraba en una casa llevando estas cosas era obvia la razón de su visita. Luego el joven discutía con el padre y los hermanos mayores de la novia la dote para que aceptaran el matrimonio de su hija. El costo solía ser al menos 200 denarios para una joven soltera y 100 denarios para una viuda. Los ahorros de varios años, si tenemos en mente que en aquel entonces un salario de 1 denario se consideraba una buena paga. Por supuesto, esas cantidades indicaban solo el mínimo legal, y podrían incrementarse. Si el padre aceptaba el acuerdo bebía un trago de vino con el pretendiente y luego la hija era invitada a entrar. Si ella aceptaba, y raramente una chica disentiría del acuerdo previo al que había llegado su padre, entonces el acuerdo era firme, y la hija y el joven pretendiente firmaban el compromiso de matrimonio bebiendo vino de la misma copa, mientras el padre decía una bendición. Desde ese día el compromiso era como si ya estuvieran casados, y romperlo significaba un proceso legal de divorcio.

Tener en mente estos aspectos, que todos los que escuchaban a Jesús daban por sentados, es crucial para entender lo que quería decirle a los que lo escuchaban y a nosotros por extensión. 

¿Cuál es el Contexto de esta parábola?                                                                                      Jesús les había estado hablando en una serie de parábolas a los principales sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Y en la Parábola de los Obreros Malvados de la Viña, Mateo 21:33-46, ellos se acabaron denunciando a sí mismos por rechazarlo y no aceptarlo como su Señor y Maestro, confiando en su propio sistema legal y tradiciones. En Mateo 21:42, Jesús les menciona una profecía que anunció esa realidad, y que procede del Salmo 118:22-23: “Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: “La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?”. Y Jesús prosiguió enseñándoles:

Vamos a ir leyendo la parábola y tratando de explicar las analogías que Jesús iba usando. Mateo 22: 1-7 Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: 2 ‘El reino de los cielos es semejante a un rey­­ Dios Padre que hizo fiesta de bodas a su hijo; las fiesta de bodas que el Padre le hace a Jesucristo.

Toda la misión de Dios a lo largo de los tiempos llega a su plenitud en la culminación de esa fiesta que se describe al final de Apocalipsis con las bodas del cordero en la plenitud del reino de Dios, pero que se inició con el punto central de la muerte, resurrección y ascensión al cielo de Jesucristo. Fue entonces cuando Jesucristo efectuó el pago por su prometida, la iglesia, como lo hacía el joven al padre de la novia en las bodas en el tiempo de Jesús.

La invitación a las bodas la está haciendo Dios progresivamente. Como en otros aspectos del reino de Dios, está la tensión entre el “ya”, pero “no todavía” en su plenitud. Está la realidad presente del reino de Dios, que en esta parábola es la invitación que Dios le está haciendo progresivamente a todos los seres humanos a entrar a la fiesta de bodas, y la plenitud de la fiesta de bodas es descrita por la comunión de Dios cara a cara con los seres humanos ya en el mundo glorificado, que le fue mostrado a Juan en Apocalipsis 21:2-4: Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.

Dios envió la invitación primero a su pueblo físico, Israel: 3 y envió a sus siervos los profetas– a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir”. 4 “Volvió a enviar otros siervos,–posiblemente, con una proyección profética en las palabras de Jesús, los discípulos y su predicación primero a los israelitas en Judea y en la diáspora — diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; 6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron”. –Saulo en unión de otros judíos fariseos andaba matando a los cristianos y dio las órdenes de apedrear a Esteban, uno de los primeros diáconos– 7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad”.

El comentario de la NIV de Estudio dice con respecto al versículo 7: “Una práctica militar común; posiblemente una alusión a la destrucción del Jerusalén en el año 70 d.C.”.  De ahí esa posible proyección profética de las palabras de Jesús en los versículos 4 al 6.

8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. –Y ahora viene la invitación general a todos los seres humanos sin excepción.

Mateo 22: 9-10 “Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, –todos los cristianos comprometidos con la predicación del evangelio a lo largo de los siglos– juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados”.

En y por la muerte de Cristo la salvación fue dada a todos los seres humanos. Jesucristo lo afirmó así en Juan 12:32Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo”.

Mateo 22:11 “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda”. Todos los seres humanos son invitados, gratuitamente, a entrar a las bodas del cordero, de otra forma este convidado no podría estar delante del rey.

¿Pero porqué no tenía el vestido de bodas apropiado?                                                              Este es el punto central de parábola. Todos los comentarios bíblicos que he leído coinciden en una costumbre del oriente que estoy seguro entendían los que escuchaban a Jesús. Nosotros somos los que no podemos concebir por qué este hombre estaba en el banquete sin vestir el traje de bodas. Nos parece una contradicción.

El comentario en la Biblia The People’s New Testament dice:Se dice que la costumbre en el Oriente, incluso en el presente, es que el anfitrión agasaje a sus invitados con trajes de honor. Estar en la boda sin el vestido de bodas, ofrecido gratuitamente, implica que el hombre pensaba que su vestido regular era suficientemente bueno”.

El Comentario Clark dice: “Entre los orientales, túnicas blancas largas eran vestidas para ocasiones públicas, y los que aparecían en tales ocasiones con otra vestimenta se consideraban merecedores de castigo. Parece que nuestro Señor está aludiendo a Sofonías 1:7-8: Calla en la presencia de Dios el Señor, porque el día del Señor está cercano; porque el Señor ha preparado sacrificio, y ha dispuesto a sus convidados. Y en el día del sacrificio del Señor castigaré a los príncipes, y a los hijos del rey, y a todos los que visten vestido extranjero’. El anfitrión preparaba tal vestido para cada uno de sus invitados. Era esto lo que hacía inexcusable la conducta del invitado en la parábola de Jesús; él podría haber tenido un vestido apropiado de bodas si lo hubiese aceptado y recibido”.

Cowper escribe: “Entre los asiáticos, vestidos llamados caftans, de los que cada noble tiene un gran número en sus armarios, se les dan a sus invitados. Negarse a aceptar y llevar tales vestidos era considerado el insulto más grande”.

El punto de Jesús es que Dios nos quiere a todos en el banquete, por lo que hizo posible que todos tengamos sin cargo, porque no tenemos para pagar por ello, todo lo que necesitamos para estar allí. No somos justos por nosotros mismos, somos justos solo en Cristo. Podemos creerlo o no, pero eso es lo que Dios dice que ha hecho. Si lo creemos, daremos la bienvenida, aceptaremos y recibiremos el traje de bodas, la justicia de Jesucristo que nos es imputada. Si no lo creemos, si no aceptamos a Dios por lo que él es, el Padre de Jesucristo, por medio de quien ha salvado y justificado al mundo, entonces seguiremos viviendo como siempre lo hemos hecho, cortándonos del gozo de la verdadera vida que nos está esperando en el banquete de Dios.

Jesús está diciéndonos que en el Reino de Dios las personas que creen que son justas por sí mismas no son bienvenidas. Son los pecadores los que son bienvenidos, las personas que saben que son pecadoras y que confían que Dios las perdonó y las hizo justas en Cristo. Las que creen que se lo merecen más, o son más aceptables, o menos pecadoras que otras, que se obstinan por justificarse a sí mismas, que llevan su vestido en lugar de aceptar el que Dios les ha dado gratuitamente en Cristo,  no pueden quedarse.

Podemos gozar del fruto glorioso de la victoria de Jesús solo confiando en Él, aceptándolo y rindiéndonos a su amor, no por mejorar nuestra conducta, Efesios 2:4-6Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”.

Cuando Dios envió a su Hijo a morir por nuestros pecados y resucitar por nuestra vida, puso en claro dos cosas.

– Nos ama sin medida e incondicionalmente, tanto como para tomar nuestra carga como suya hasta morir y estar dispuesto a pagar todo el precio por su prometida, la iglesia, como estaban los jóvenes judíos del tiempo de Jesús dispuestos a pagar todo el costo por la novia con la que se querían casar. Jesucristo es el único novio que lo dio todo para salvar a todos los seres humanos.

– Nuestra salvación fue un hecho totalmente de él, no hay nada que podamos hacer para salvarnos a nosotros mismos, sino aceptar al novio y participar del vino de la vida con Él.

Tenemos que dejar de pensar que tenemos la solución, y pensar que solo está en nuestro Señor y Salvador. Tenemos que rendirnos y poner nuestra confianza en Jesús.

Tenemos la libertad de negarlo, abandonarlo, de no creer en Él o incluso odiarlo. Tenemos la opción de confiar en nuestros propios razonamientos humanos, como lo hacían aquellos ancianos, sacerdotes y escribas judíos que escuchaban a Jesús, y renunciar a su don de la verdadera vida. No seremos forzados a gozar en su reino, nos dejará ser miserables si insistimos en ello. Pero incluso así él permanecerá siempre fiel, amándonos sin forzarnos a aceptar su amor.

Como Pablo escribió en 2 Timoteo 2:11-13 Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo”. Dios se dolerá y se entristecerá por nosotros, porque nos ama, pero no nos forzará a confiar en él. El amor no se puede imponer a nadie. Tú no puedes obligar a nadie a que te ame.

Alguien puede preguntarse, pero, ¿no tenemos que cambiar algo antes de que Dios nos salve? Dios no nos salvó basado en el cambio humano. El nos salvó por su Amor, y lo hizo cuando éramos aún pecadores, como el apóstol Pablo escribió en Romanos 5:8: “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Ahora bien, como hijos de Dios que hemos aceptado y recibido lo que somos en Cristo deseamos obedecerle. El Espíritu de Dios, su Amor en nosotros, nos compele a amarle, nos guía a obedecerle.

Hay dos cosas que necesitamos recordar: 1. Hemos sido perdonados ya   2. Pecamos aún, aunque nos esforcemos por no hacerlo para agradar a nuestro Padre y ser fieles a lo que somos en Cristo.

La persona que se cree justa por sí misma es la que tiene que preocuparse. ¿Por qué? Porque nadie puede estar delante de Dios, excepto en Cristo. Siendo honestos ninguno de nosotros vive una vida perfectamente pura y santa, excepto la que tenemos en Cristo.

¿Cómo estamos delante de Dios con nuestro vestido o vestidos de la Justicia de Cristo?         Podemos tratar de justificarnos por nosotros mismos o podemos morir a todo lo que pensamos que podíamos usar en este mundo para justificarnos, y confiar en Dios que nos da la verdadera vida. El apóstol Pablo, incluso después de todo el pedegreé que tenía como “hebreo de hebreo, en cuanto a la observación de la ley fariseo, en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable”, como escribió en Filipenses 3:3-6, entendió que la justicia basada en los esfuerzos humanos, por bienintencionados que fuesen estos no era el vestido de bodas que Dios quiere ver en cada uno de nosotros, Filipenses 3:8-9 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”.

Por supuesto tenemos que batallar contra el pecado, pero no para ser salvos o para continuar en la salvación, sino porque amamos a Dios y porque huir del pecado nos evitará mucho dolor y sufrimiento. La razón por la que Dios desea que no pequemos es porque el pecado muestra nuestra desconfianza en Él y nos hiere a nosotros y a otros. Pero tenemos que dejar de preocuparnos de que nuestros fracasos y fallos nos corten de Dios. Él nunca nos dejará ni nos abandonará y podemos contar con la fidelidad de su amor inconmovible. Ante los ojos de nuestro Padre somos ya nuevos y justos delante de él en Cristo. Él nos ve como nos ha hecho ser en Cristo. Esta es la razón por la que el Evangelio es llamado las buenas noticias. 

Dios ha justificado de sus pecados a todos los seres humanos, nos ha dado el vestido de bodas, la justicia de Dios en Jesucristo. Al buscar la justicia de Dios por medio de la fe de Jesucristo, nuestras ropas se lavan y emblanquecen en la sangre del Cordero, Apocalipsis 7:9-10 Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano. 10 Gritaban a gran voz: «¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!”.   O como Pablo escribió en Romanos 5:17-18 “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida”.

En la parábola del banquete de bodas, el vestido de bodas sin duda representa la justicia que Dios nos ha dado en Jesucristo, el anfitrión generoso que, además de proveer la invitación para todos los seres humanos, nos da el vestido de bodas blanco y resplandeciente de la justicia de su Hijo. Eso lo ha hecho con cada uno de nosotros, contigo y conmigo, y con todos los seres humanos.

¿Cómo estamos reaccionando ante la invitación de Dios?                                                           Pablo mencionó que los israelitas reaccionaron negando la justicia que es de Dios por la fe en Jesucristo, para tratar de justificarse a sí mismo, Romanos 10:2-3  Puedo declarar en favor de ellos que muestran celo por Dios, pero su celo no se basa en el conocimiento. No conociendo la justicia que proviene de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios”.

¿Dejamos que pasen los días sin aceptar y recibir el vestido de bodas que Dios nos ha dado en Cristo? Puedes pensar, bueno Señor he aceptado tu invitación gratuita de la vida eterna, de la salvación y la entrada a las bodas del Cordero, pero tengo puesta mi propia túnica, ¿no has vistos que he estado haciendo esto y aquello, y lo demás”. Jesús nos dice claramente en la parábola que razonar así es no estar dispuesto a aceptar su vestido de bodas.

Mateo   22:12-14 “Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.  Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”.

Bueno, ese será el fin de aquellos que después de haber sido invitados a las bodas, y haberles dado gratuitamente el vestido apropiado rechacen ponérselo, rechacen aceptarlo y recibirlo, pensando que sus bondades, que su justicia es mejor que la que Dios proveyó para ellos por medio de Jesucristo.

En proporción al número de invitados, que uno no acepte, no es mucho. La coletilla “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” la menciona Cristo después de otras parábolas para incitar a sus oyentes a estar entre los escogidos aceptando su amor inmerecido, su señorío y sus enseñanzas, pero no se refiere a una realidad futura sobre el número de los que habrán aceptado la salvación.

Tenemos que preguntarnos ¿Permitiré yo ser ese, después de todo lo que ha hecho mi Salvador por mí? Espero que no. Espero que todos aceptemos y recibamos lo que Dios nos ha dado, la justicia en Cristo que es imposible para nosotros tener, y que significa vivir por la fe de Jesucristo cada día, sabiendo que Él es el Señor de nuestras vidas, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Gozamos y participamos del fruto glorioso de la victoria de Jesucristo y de la inclusión en Él como hijos e hijas del Padre solo confiando en Él y aceptándoloEfesios 1:3-7 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”.

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