Cartas a los lectores


                                                                        Madrid, 17 de junio de 2017

 

Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores, y lectores de Verdad y Vida:

Junto con el pequeño pero fiel equipo de voluntarios directos que, con la ayuda de Dios, hace posible Verdad y Vida, y todos los demás aspectos de nuestro ministerio, mi familia y yo, deseamos y pedimos que, en unión de vuestros seres queridos, os encontréis  bien y siempre gozosos y agradecidos por la salvación que Dios nos ha dado en Cristo. Aún en medio de los desafíos e injusticias con los que nos podemos confrontar en esta vida, nos alumbra la esperanza de la certeza del mundo futuro, donde ya no habrá más muerte, ni tristezas, ni dolor o lágrimas.

El pasado día 4 de junio fue la celebración de Pentecostés, en los cincuenta días anteriores los cristianos hemos reflexionado en la redención que Dios no ha concedido por medio de la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesucristo. Ahora el foco de nuestra atención cambia a vivir la vida de Cristo. Pero hacer eso es imposible sin lo que Pentecostés conmemora: El derramamiento del Espíritu Santo sobre todos aquellos que aceptan y reciben lo que son en y por medio de Cristo. Pentecostés celebra el día en el que los cristianos pasamos de ser espectadores en la historia del evangelio a participantes activos en la misma. Es el día en el que la iglesia, el cuerpo de Cristo, nació. Cuando se cumplió la promesa que el Padre les había hecho a los discípulos por medio de Jesús, y que este les recordó el día de su ascensión: “Una vez, mientras comía con ellos, les ordenó: —No os alejéis de Jerusalén, sino esperad la promesa del Padre, de la cual os he hablado: Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo… Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre vosotros, recibiréis poder y seréis mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:4-5, 8).

En el tiempo de los apóstoles el testimonio de Jesús y su amor incondicional por todos los seres humanos, se daba por medio de la predicación personal de aquellos, y por cada uno de los cristianos. Como escribió Pablo, los apóstoles, dedicados a la obra de predicación a tiempo total vivían del evangelio por medio de las ofrendas y dádivas con las que cooperaban los fieles: “…Así también el Señor ha ordenado que quienes predican el evangelio vivan de este ministerio”  (1 Corintios 9:4-14). Cuando el cristianismo empezó a crecer y a expandirse por el mundo, el mismo Pablo y otros apóstoles, guiados por el Espíritu Santo, empezaron a instruir a los creyentes por medio de cartas que hacían circular por las congregaciones. Hoy los medios de predicación masiva están a disposición del evangelio. Nuestra revista Verdad y Vida, que llega a muchísimos hogares de personas mayores que no tienen acceso a Internet, y en el otro extremo nuestra página web: www.comuniondelagracia.es, que ya ha recibido más de 35.500 visitas, son un ejemplo de esa realidad que Dios nos permite utilizar para dar testimonio de su amor en Jesucristo. También tenemos la Palabra predicada personalmente en la congregación y por medio de las grabaciones que se hacen y se envían a los hermanos. Pero diseñar la revista, escribir los artículos, comprar algunas fotografías, corregirla, imprimirla, ensobrarla y franquearla, cuesta tiempo y dinero; igualmente que lo cuesta el diseñar la página Web, subir los artículos a la misma, mantenerla actualizada y administrarla.

Los miembros de la Junta Directiva de nuestro ministerio, que aprueban el presupuesto anual, supervisan los objetivos y los ingresos y los gastos del mismo, y yo, no tenemos palabras para agradecer las oraciones, los donativos, sean pequeños o grandes, de cada uno de nuestros fieles hermanos, de los colaboradores regulares y de los esporádicos, y a aquellos hermanos que donan su tiempo y los talentos y dones que Dios les ha dado, por medio de su Espíritu, para la ejecución de la revista, ya que sin ese apoyo dedicado y regular no podríamos seguir participando activamente como comunión en la invitación que Jesús nos ha hecho a todos los cristianos de ir y predicar el evangelio.

En una ocasión, durante su ministerio en la tierra, Jesús invitó a dos personas que iban tras Él a seguirle y a proclamar el reino de Dios. Cada una de ellas se justificó con una excusa para no comprometerse. Pues una cosa es ir tras Jesús, buscando nuestros propios intereses, y otra muy distinta es seguirle y hacer nuestra parte para proclamar el evangelio: “A otro le dijo: —Sígueme. —Señor —le contestó—, primero déjame ir a enterrar a mi padre”. La justificación que dio fue que su padre había muerto y tenía que enterrarle, algo bastante lógico bajo la óptica humana. La respuesta de Jesús es cuanto menos sorprendente: “Deja que los muertos entierren a sus propios muertos, pero tú ve y proclama el reino de Dios —le replicó Jesús”. Nuestro Señor está diciéndonos aquí que todos aquellos que todavía no han respondido a su invitación a aceptarle como su Salvador personal, a seguirle y a proclamar el reino de Dios, siguen espiritualmente muertos, aunque Él les dio vida en la cruz, pero todavía no la han recibido ni la han aceptado, poniendo a Jesús y sus prioridades como lo primero en sus vidas. Todos y cada uno tenemos que preguntarnos: ¿Estoy en el grupo de los vivos, o de los muertos? “Otro afirmó: —Te seguiré, Señor; pero primero déjame despedirme de mi familia. Jesús le respondió: —Nadie que mire atrás después de poner la mano en el arado es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:59-62).

Jesús nos muestra que si queremos pasar de ser meros espectadores a ser partícipes del evangelio, tenemos que ver la prioridad que Él le da a nuestro compromiso de, por medio del Espíritu Santo, hacer nuestra parte para compartir las buenas noticias del evangelio con todas las personas que podamos, de cualquier forma que podamos hacerlo. Compartir personalmente el testimonio del amor de Dios en Jesucristo con todos los que nos rodean, y apoyar un ministerio como el que venimos realizando por medio de Verdad y Vida son formas de proclamar el reino de Dios.

En esta España postcristiana y relativista somos muy conscientes de que dependemos absolutamente de la provisión de Dios para seguir participando en su obra, que está llevando a cabo Jesucristo para bendición de los que todavía no le conocen, por medio de tu y de nuestra generosidad. Milagrosamente Dios va sosteniendo nuestro ministerio de año en año, como el barco que, con sus velas medio rotas, a duras penas logra llegar al siguiente puerto, pero como escribió el gran predicador inglés, Charles Spurgeon: “No hay fe tan preciosa como aquella que vive y triunfa en medio de la adversidad. La fe probada produce experiencia. Nunca hubieras conocido tus propias debilidades si no hubieses tenido que pasar a través de las pruebas. Y nunca hubieras conocido la fuerza de Dios si no la hubieras necesitado para superarlas”. ¡Qué Dios nos ayude a confiar y depender en Él, especialmente en medio de los desafíos, para pasar, por medio de su Espíritu, de ser meros espectadores en la historia del evangelio a participantes activos en la misma!

Es inspirador y un verdadero honor servir a Jesucristo al lado de cada uno de vosotros hermanos, fieles colaboradores y lectores. Recibid un afectuoso abrazo fraternal con Amor en Cristo de parte de cada uno de nosotros, junto con nuestros mejores deseos y oraciones de que Dios supla con su amor y provisión cada una de vuestras necesidades. 

                                                                   Pedro Rufián Mesa                                                                                                                          Director-Editor de Verdad y Vida

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Los lectores en los Estados Unidos,  Canadá, o en cualquier otro lugar fuera de España, que deseen enviar un donativo pueden hacerlo, sin costo adiccional alguno, enviando un cheque personal a la dirección que aparece en el encabezamiento de esta carta, extendido a nombre de Verda y Vida o de Comunión Internacional de la Gracia. También lo pueden hacer por medio de PayPal a la cuenta de nuestro ministerio: iduespana@yahoo.es

Otra forma fácil y económica de hacerlo, especialmente para nuestros lectores en los Estados Unidos y Canadá, es usando los servicios de  XOOM para ordenar una transferencia internacional a la cuenta bancaria de la Comunión Internacional de la Gracia. Datos bancarios que necesitarás para hacerla:

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