Cartas a los lectores

                                                                                 Madrid, 24 de febrero de 2019

Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores, y lectores de Verdad y Vida:

Junto con el pequeño pero fiel equipo de voluntarios que, con la imprescindible ayuda de Dios, hace posible Verdad y Vida y todos los demás aspectos de nuestro ministerio, mi familia y yo deseamos y pedimos que estéis llenos de amor, fe y esperanza en la salvación que Dios nos ha dado en Cristo, y superando vuestros desafíos como lo hacía Moisés: “Pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible” (Hebreros 11:27).

Recientemente nuestro hijo, Samuel, se ha ido a vivir a Mallorca. Para decidir lo que se iba a llevar tuvo que organizar y revisar toda su ropa y enseres. Las mudanzas, como muchos de vosotros habréis experimentado pueden ser bastante agotadoras y estresantes. El cambio no es algo que se produzca fácilmente. Conlleva esfuerzo y disposición para “pagar el precio”.  Pero lo nuevo por descubrir puede ser una fuente de alegría.

La mudanza de mi hijo me recordó nuestro llamamiento y nuestro viaje cristiano. En un sentido, espiritualmente hablando, Dios nos ha llamado también a salir de nuestros hogares. Tenemos que dejar atrás el viejo ser y convertirnos en un nuevo hombre o mujer, a medida que vamos aceptando un estilo de vida transformado en Cristo.  Esta “mudanza” no siempre es fácil. Ocasionalmente la carnalidad en nosotros echa de menos su antiguo hogar. Nos acostumbramos a nuestro pasado, nos gusta la familiaridad de nuestro medio cotidiano. Mientras Samuel estaba empaquetando y llevando cajas al coche me sorprendí de la cantidad de cosas inservibles que había acumulado a lo largo de los años, y que había puesto en el patio para tirarlas a la basura. De la misma forma, cuando Dios nos llama nos hace muy conscientes de nuestras debilidades y pecados. En nuestros armarios espirituales somos confrontados con nuestros fallos de carácter. Pero hay esperanza. En Cristo encontramos perdón, gracia, paz y descanso. 

La tarea de una mudanza puede poner a prueba nuestras actitudes verdaderamente. Hay algunos pensamientos positivos, pero a menudo también experimentamos impaciencia, frustración y enfado. Las cosas no siempre resultan exactamente como las planeamos. No es muy diferente para la nueva persona en Cristo. Aunque se nos ha imputado la justicia y la santidad de Dios, dolorosamente nos damos cuenta también de nuestros fallos y fragilidades. No es siempre una travesía tranquila, como el apóstol Juan les recordó a los cristianos en el primer siglo: “Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad” (1 Juan 1:8). La maravillosa buena noticia en el evangelio es que nuestro Padre celestial nos ama a pesar de nuestras imperfecciones, y el Espíritu Santo está dispuesto y listo para continuar trabajando con nosotros, y en nosotros.

Como he escrito en mi editorial de Verdad y Vida a partir del 18 de abril, junto a todos los cristianos del mundo, conmemoraremos los grandes y profundamente significativos eventos de la salvación en Cristo, especialmente la Última Cena y la Resurrección. Un tiempo para, en agradecimiento, reflexionar en nuestro llamamiento y en nuestro viaje cristiano. No queremos habitar interminablemente en el pasado, pero creo que no es incorrecto que seamos conscientes de nuestro “viejo hogar” del que Dios nos ha llamado a salir.  Abrahán, a quien se le llama el padre de los fieles, tuvo que salir de su viejo hogar, fuera de su pasado. En obediencia se movió anticipando un futuro mejor. Dejando al viejo hombre atrás y abrazando el amor de Dios en Cristo nos convertimos en nuevas criaturas. La Última Cena nos recuerda nuestro viaje espiritual, del regreso de nuestro Salvador y de nuestra morada eterna. Cuando lleguemos a nuestro destino final no encontraremos basura espiritual apilada en cualquier parte. Ese hogar no tendrá tacha alguna y será perfectamente hermoso.

Peter Drucker, un destacado experto en dirección, dijo una vez que se necesita diez veces más energía para producir el cambio que para dirigir el statu quo. Supongo que nuestro viaje espiritual tenderá a mostrar eso. De muchas formas el cambio no es un proceso lógico sino emocional. Como cristianos podemos aprender a celebrar el cambio a medida que avanzamos y crecemos en nuestro llamamiento para servir a Dios.

Mi llamado a todos nosotros es que la celebración de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús nos ayude a permanecer centrados en nuestra nueva identidad espiritual en Cristo y en la misión a la que nos ha invitado a participar. Como escribió el apóstol Pablo nuestra dirección es celestial, no terrenal: “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios.  Concentrad vuestra atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1-2). Así que con la guía y la fortaleza de Dios esforcémonos por vivir de acuerdo a nuestro llamamiento, entregándonos humilde y voluntariamente en las seguras manos de Dios a medida que nos convertimos en lo que él ya nos ha hecho ser Cristo.

Deseo compartir con vosotros algunos datos con respecto al panorama religioso en España. Los números y las tendencias son sorprendentes y reveladoras. Según la estadística anual del Observatorio del Laicismo en España, generada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el 31 de enero de este año, un 26,9% de los españoles se declaran ateos y no creyentes. Del 67,7% que se declararon católicos, solo un 23,9% se declaran practicantes. El porcentaje de quienes casi nunca practican su religión ha aumentado 12 puntos en los últimos ocho años. Algo similar ocurre con quienes consideran la religión como nada importante, que aumenta 10 puntos. Ya casi la mitad de las personas de entre 18 y 34 años afirman ser no creyentes o ateos, mientras que esta cifra es solo del 9,7% entre las personas mayores de 65 años.

Estas cifras descorazonadoras deberían de gritarnos. El número de los ateos crece año a año sin parar. ¿Podría ser debido, en parte, a la inconsistencia en la práctica de aquellos que se confiesan creyentes? ¿Estás siendo consistente y consecuente con tu fe?

Obviamente la necesidad de predicar el verdadero evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo es más grande que lo ha sido jamás. Este no es el tiempo de quedarnos satisfechos o ser complacientes sobre la única cosa verdaderamente importante en la vida: responder a la invitación que Jesucristo nos ha hecho a participar con él en darle a conocer a todas las personas que el Padre las ama incondicionalmente, y que desea tener una relación personal con ellas.

Hemos sido llamados a hacer una diferencia positiva en las vidas de otros. No nos cansemos de amar a nuestros semejantes y de diseminar la fe en Jesucristo. Como siempre, muchas gracias por ser participantes activos en la comisión que Dios nos ha encargado. Vuestras oraciones y apoyo regular continúan siendo una clave vital para el ministerio de Verdad y Vida. Por favor, pedid que Dios abra más puertas y oportunidades para que más personas puedan llegar a conocer lo que él les ha dado en Cristo.

Todos los que laboramos en Verdad y Vida, mi familia y yo, deseamos y pedimos que, junto a vuestros seres queridos disfrutéis del amor y la paz de Cristo, que sobrepasan todo conocimiento, y que cuando lleguen tengáis unas inspiradoras y transformadoras conmemoraciones de los grandes actos de amor de Dios en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Recibid un afectuoso abrazo  fraternal.

                                                                                      Pedro Rufián Mesa                                                                                                                                                    Director-Editor de Verdad y Vida

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