Cartas a los lectores

                                                                                 Madrid, 26 de junio de 2020

Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores, y lectores de  Verdad y Vida:

Junto con el pequeño pero fiel equipo de voluntarios que siguen siendo movidos por Dios a continuar comprometidos para que Verdad y Vida sea posible, así como todos los demás aspectos de nuestro ministerio, mi familia y yo deseamos y pedimos al Señor que, junto a vuestros seres queridos, estéis bien de salud, y llenos de fe y esperanza en lo que Dios nos ha dado y nos ha hecho ser en Jesucristo para hacer frente a las posibles secuelas de la Covid-19, ya sean físicas o psicológicas, y que, a pesar de todo, estéis saliendo fortalecidos espiritualmente de esta terrible pandemia. Pues como la vida de Pablo mostró, y lo hace la de cada uno de nosotros, es en la debilidad que buscamos y nos afianzamos en Dios y no en nosotros mismos: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9-10).

Mario Benedetti, autor de numerosos libros, ensayos, poemas y artículos periodísticos tiene un poema titulado “Cuando la tormenta pase” que ha dado la vuelta al mundo como un mensaje de WhatsApp, muy apropiado para el tiempo de pandemia por el que estamos pasando. Dos de sus estrofas dicen lo siguiente:

“…Valdrá más lo que es de todos                                                                                                                          que lo jamás conseguido.                                                                                                                                    Seremos más generosos                                                                                                                                         Y mucho más comprometidos… 

Cuando la tormenta pase                                                                                                                                          te pido Dios, apenado,                                                                                                                                        que nos devuelvas mejores,                                                                                                                              como nos habías soñado”.

Durante lo más duro de la pandemia y el confinamiento, y más aún si has estado enfermo o has tenido a algún ser querido que sí lo ha estado, estoy casi seguro que has hecho algún repaso de tu vida y has tomado alguna resolución para cambiar algo en ella, para mejor. Así somos los seres humanos.  ¿La has cumplido ya o se te ha olvidado? Quizás al ver en la televisión, o en tu mismo barrio, a las personas haciendo cola para conseguir la cesta de alimentos básicos, te propusiste ser más generoso y decidiste hacer algún donativo al Banco de Alimentos o a alguna ONG que esté trabajando para los más necesitados en tu barrio. O quizás leyendo el último ejemplar de Verdad y Vida decidiste que nos ibas a enviar algún donativo para su sostenimiento.

Dar a Dios es un privilegio porque al hacerlo reconocemos que todo procede de él. Hay un gran ejemplo de esto en el Antiguo Testamento. El rey David pidió a su pueblo que diera con generosidad para construir el templo. David echó la bola a rodar dando un generosísimo donativo de su propio tesoro. Luego hizo el llamado al pueblo a seguir su ejemplo y dar generosamente. Hubo una maravillosa respuesta a medida que los líderes, y luego el pueblo, dieron voluntariamente para la obra. Puede que seamos tentados a quedarnos asombrados ante este acto extravagante de generosidad, pero eso pasaría por alto lo que estaba sucediendo realmente.

Después el rey David oró y su oración expresa la dinámica que está en acción. “Pero ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido” (2 Crónicas 29:14). Dios no necesita nuestro dinero. El no necesita nada de nosotros. Tampoco está sentado en el cielo confiando que sus planes no fallen por una falta de recursos. No es así como funciona la generosidad en la Biblia. Al contrario, Dios se deleita en involucrarnos en sus propósitos. Él nos da para que podamos darle. Nuestro dar no debe ser causa de orgullo. Cuando actuamos así, muestra que pensamos que le hemos hecho un favor a Dios. Por el contrario, nuestra generosidad nos debe de llevar al tipo de humildad que David expresó en su oración, y por lo tanto a preguntarnos: “¿Quién soy yo para que pueda darte así?”.

Ese es el tipo de generosidad que solo Dios puede producir en nosotros. Es cuando la obediencia se convierte en gozo. Pero seamos honestos, a menudo no es así. Piensa en que se te pida apoyar el Banco de Alimentos o un ministerio como Verdad y Vida, o que recibas un mensaje de correo con noticias de una necesidad desesperada en otra parte del mundo. ¿Cómo reaccionan nuestros corazones? ¿Laten con entusiasmo por el privilegio de poder dar? Probablemente no. Lo más seguro es que sintamos vergüenza. Sabemos que debemos dar, pero hemos perdido de vista la increíble verdad de que Dios espera que demos alegre y libremente y no por necesidad o por miedo.

Los bebés nacen con el reflejo de agarrar. Si acercas a un bebé tu dedo pequeño, el tratará de cogerlo. Es algo bonito en un bebé, pero conforme crece, el instinto de agarrar se convierte en algo más problemático. En cuanto empiezan a hablar, la palabra “mío” acompaña rápidamente a la acción, y luego empieza el problema. Ese apetito por más se hace insaciable en el adulto. Ya sea dinero, o reconocimiento, o poder, o placer, o posesiones; queremos más. Tanto es así que llegamos a creer, lo que se nos dice incansablemente, que “más” es la clave para la felicidad, y por lo tanto encontramos que es muy difícil ser generosos. Jesús nos dice que estamos errados, y nos advierte claramente sobre esta tendencia en nosotros: “¡Tened cuidado! —advirtió a la gente—. Absteneos de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes” (Lucas 12:15) Para experimentar la vida como fue diseñada para vivirla, necesitamos una perspectiva completamente nueva. Más no es la clave: la generosidad lo es.

Jesús continua su advertencia con una historia para destacar su punto (Lucas 12:16-21): El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha”. Este hombre tenía un problema. Tenía mucho grano pero no tenía donde almacenarlo. ¿Qué se supone que debo de hacer? Todo depende de lo que veas al mirar el gran montón de grano frente a ti. Si representa la vida para ti, la respuesta es obvia. Si ese grano representa una jubilación anticipada y una vida de bienestar y placer, entonces hay solo una cosa que hacer: “Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes. Y diré: alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”. Es obvio. Parece muy sabio. Este hombre está haciendo lo que tantas personas están tratando de lograr desesperadamente. Tiene más que suficiente. Ese es el sueño, ¿no es así? Pero el hombre es un necio. Ha ligado su vida a su grano, y he aquí el veredicto de Dios: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?”. El hombre ha ignorado a Dios. De hecho, mientras hace sus planes, Dios no recibe ni el más mínimo pensamiento, y eso no es sabio. Cree que la felicidad se encuentra en más, pero la realidad es que ahí está solo la muerte: “Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios”. Ser rico ante Dios es lo que importa, no serlo en riqueza material. Necesitamos a Jesús viviendo en nosotros, que es lo suficientemente fuerte como para salvarnos de nuestro amor a las posesiones y reemplazarlo por un profundo amor por Dios. Jesús nunca buscó más: ni posesiones, bienestar, fama o poder. Y Él lo hizo así porque su relación con su Padre era más que suficiente para Él. ¿Lo es para ti? Si es así tu generosidad es una forma de mostrarlo.

 Por causa de la Covid-19 nos hemos visto obligados a suspender nuestro retiro espiritual internacional, cuyas ofrendas representan más de un 50% de nuestros ingresos anuales. Este año necesitaremos que los lectores que puedan nos ayuden con sus donativos, ya que la Comunión Internacional de la Gracia no podrá contribuir con más del 80% del costo de la revista como viene siendo el caso.

El pequeño equipo de voluntarios directamente involucrados en la producción de Verdad y Vida, de la página Web y todos los demás aspectos del ministerio de la Comunión Internacional de la Gracia, mi esposa y yo deseamos y pedimos que vuestra relación con Dios este creciendo cada día. Recibid un cariñoso abrazo fraternal con Amor en Cristo de parte de mi esposa y mía.                                                    

                                                                                      Pedro Rufián Mesa                                                                                                                                                    Director-Editor de Verdad y Vida

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Si deseas enviar un donativo, que es desgravable en el Impuesto de la Renta, puedes ingresarlo en el Banco Santander  C/C nº ES17-0075-0315-44-0600233238, o enviando un giro postal a la dirección anterior.

Los lectores en los Estados Unidos, Canadá, o en cualquier otro lugar fuera de España, que deseen enviar un donativo pueden hacerlo a través de una transferencia internacional con los datos que aparecen más abajo entrando como beneficiario a Comunión Internacional de la Gracia o Verdad y Vida. También lo pueden hacer por medio de PayPal a la cuenta de nuestro ministerio: iduespana@yahoo.es

Otra forma fácil y económica de hacerlo, especialmente para nuestros lectores en los Estados Unidos y Canadá, es usando los servicios de  XOOM para ordenar una transferencia internacional a la cuenta bancaria de la Comunión Internacional de la Gracia. Datos bancarios que necesitarás para hacerla:

Entidad Bancaria: Banco Santander  

IBAN: ES170075-0315-44-0600233238

Dirección de la oficina bancaria: Plaza de Segovia, 2; 28600 NAVALCARNERO, Madrid, España

“Swift address“: POPUESMM

Muchas gracias por tu colaboración.

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