Cartas a los lectores


                                                                                   Madrid, 18 de septiembre de 2018

Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores, y lectores de Verdad y Vida:

Junto con el pequeño pero fiel equipo de voluntarios que, con la ayuda de Dios, hace posible Verdad y Vida, y todos los demás aspectos de nuestro ministerio, mi familia y yo deseamos y pedimos que, en unión de vuestros seres queridos, os encontréis con buena salud, que estéis agradecidos a Dios por lo que nos ha hecho ser en Jesucristo y estéis bajo su amoroso favor en cada aspecto de vuestras vidas.

Hace algunos años uno de los subscriptores de Verdad y Vida nos escribió una carta en la que venía a decir que en este mundo todo tiene un precio, y que teníamos que ponerle un precio de subscripción a la revista, y que dejásemos de enviarla a aquellos que no estuvieran dispuestos a pagarlo.

Ese subscriptor estaba basando su conclusión en un paradigma de este mundo, pero no en el que nos mostró Jesús con su vida y con sus enseñanzas. ¿Qué es un paradigma? Es simplemente la forma en la que hemos dado por sentado que tienen que ser o hacerse las cosas, cómo tenemos que pensar o qué tenemos que hacer en ciertas circunstancias o situación. Quizás un ejemplo puede ayudar a entender lo que es un paradigma. Suiza dominó el mundo de la fabricación de relojes. Los suizos hacían los mejores relojes y los más precisos del mundo. Tampoco se dormían en los laureles, trabajaban continuamente por mejorar la calidad de sus relojes. Dentro se sus patrones estaban innovando constantemente.

Para  el año 1968 Suiza vendía más del 65% de los relojes en el mundo. Sin embargo, doce años después sus ventas habían descendido a menos de un 10%. ¿Qué había sucedido? Habían sido destronados como los líderes mundiales porque había habido un cambio de las reglas fundamentales que ellos no habían aceptado. El reloj mecánico se había quedado como algo anacrónico y testimonial, cediéndole el paso al reloj electrónico de cuarzo. Y todo aquello en lo que los suizos eran buenos, hacer engranajes, engastar sus ejes sobre rubíes y los resortes precisos, era irrelevante para las nuevas reglas. En menos de diez años, el futuro de la fabricación de relojes suizos, que había sido tan seguro, tan rentable y tan dominante, fue destruido. Entre los años 1979 y 1981, cincuenta mil de los sesenta y dos mil relojeros suizos perdieron sus empleos. Los japoneses habían tomado el primer lugar en el mercado.

La ironía de esta historia es que el colapso fue totalmente innecesario y evitable, porque fueron los mismos suizos los que inventaron el movimiento electrónico del cuarzo para relojes en un instituto de investigación en Newchatel. Pero cuando en 1967 los investigadores suizos presentaron aquella idea revolucionariamente nueva a los fabricantes, fue rechazada. Y lo fue porque no cuadraba con su paradigma de fabricación de relojes. Después de todo, no tenían un resorte prin- cipal, no necesitaban ejes engastados en rubíes, no requerían casi volantes y eran alimentados por una pila electrónica. No podrían ser los relojes del futuro. Los fabricantes dejaron que sus investigadores mostraran su invento inútil en el Congreso Mundial del Reloj aquel año. Seiko le dio un vistazo y el resto es historia. 

Dios nos ha llamado a cambiar de paradigmas. A ver la vida y las situaciones como Él las ve, y a pensar como Él piensa. ¿Cómo piensa Dios? Como piensa Jesucristo. He aquí algunos paradigmas de Jesucristo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas…Ama a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que estos” (Marcos 12:30-31). “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará” (Lucas 9:24). “…El que quiera hacerse grande entre vosotros deberá ser vuestro servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás” (Mateo 20:26-27). “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lucas 18:17). “Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). “Con mi ejemplo os he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”. (Hechos 20:35).

Este mundo, en cambio, cada vez más olvidado de Dios y de su camino de vida, ha entronizado al ser humano en lugar de a su Creador. Yo, mí, me, mío, son palabras que cada día tienen más peso. Decide que es el bien y que es el mal, de acuerdo a sus paradigmas: No rindas tu vida ni tu voluntad a nadie. Tú eres el centro de todo y te lo mereces todo. Lucha por ser el primero sin importar si para lograrlo tienes que mentir, derribar o hablar mal de otros. La humildad no lleva a ninguna parte, sino el orgullo y la vanidad. No hables de Dios, es algo anticuado, y menos aún de su justicia. Más dicha hay en obtener y recibir que en dar. Estos son algunos de los paradigmas de este mundo, pero Jesucristo les dio la vuelta a los mismos y nos ha llamado a ser transformados y renovados en nuestra mente por los paradigmas de Él. “No os amoldéis al mundo actual, sino sed transformados mediante la renovación de vuestra mente. Así podréis comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

El mundo a nuestro alrededor se desliza cada día a más velocidad por la pendiente de la injusticia, la mentira, la corrupción, la ausencia de valores, la violencia, la inseguridad, la ansiedad y el desasosiego que produce el vivir al margen del camino de vida de Dios, por la ignorancia y la ceguera espiritual que hay en los corazones y las mentes de los seres humanos, en los que todavía no ha amanecido la luz del evangelio de Cristo. Mientras tanto los cristianos, y todos los que estén empezando a ser movidos por el Espíritu Santo, tenemos que seguir llevando a cabo la comisión que Jesús les dio a los discípulos, y a cada uno de nosotros por extensión, poco antes de ascender al cielo: la de llevar las Buenas Noticias de su amor incondicional e ilimitado para con todo el mundo “hasta los confines de la tierra”: Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre vosotros, recibiréis poder y seréis mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:8). No me cansaré de darle gracias a Dios por la invitación que nos ha extendido a cada uno de nosotros, a través de Jesucristo, para participar en esa tarea, y a cada uno de los subscriptores colaboradores por su valioso y necesario apoyo económico, que junto al de todos nosotros y el de los demás hermanos, hace posible el llevarla a cabo.

Viene un día en el que a los paradigmas del mundo les sucederá igual que a los que tenían los relojeros suizos, serán destronados. Aquellos que hayan aceptado, recibido y hecho suyos los paradigmas de Dios se sentarán con Él en la plenitud de su reino. Yo deseo estar con Él, por eso le estoy permitiendo que, por medio de su Espíritu Santo, me ayude a dejar atrás los paradigmas de este mundo. ¿Deseas tú estar con Él también? Abraza a Dios, acepta, recibe y haz tuyos sus paradigmas. No hay otra forma de sentarse con Él a su mesa, sino habiendo perdido esta vida para recibir la verdadera, la suya.

Deseamos y pedimos que estéis cada día bajo el Amor, la paz y el bien de Dios. Recibid un abrazo fraternal con Amor en Cristo de todos los que laboramos directamente en Verdad y Vida.

                                                                   Pedro Rufián Mesa                                                                                                            Director-Editor de Verdad y Vida

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