Cartas a los lectores

Madrid, 27 de febrero de 2026
Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores y lectores de Verdad y Vida:
Junto con el pequeño pero fiel equipo de voluntarios que, con la imprescindible, incondicional y generosa ayuda de Dios, hace posible Verdad y Vida, nuestra página Web, www.comuniondelagracia.es, que en este año ya ha recibido hasta ahora más de 3.300 visitas, y en total más de 195.650, y todos los demás aspectos del ministerio de la Comunión Internacional de la Gracia (CIG), mi esposa y yo deseamos y pedimos que estéis bien de salud, llenos de esperanza, gozo y gratitud por el perdón y el don de la nueva vida, en el Espíritu, que Dios Padre, en su amor inagotable, nos dio por medio de la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo que recordaremos y celebraremos en la primera semana de abril.
Desde que casi todas las personas usan las redes sociales, los bulos, las noticias falsas y la desinformación no han dejado de circular. Pero eso no es nada nuevo. Parece que algunos en la iglesia del siglo I, en Corinto, pensaban que la resurrección de Jesús era falsa, por lo que el apóstol Pablo tuvo que escribirles: «…¿cómo dicen algunos de vosotros que no hay resurrección?» (1 Corintios 15:1). Esta es una pregunta importante, ya que, si se tratase de noticias falsas, los apóstoles de Jesús deberían haber renunciado a sus cargos, pues su predicación habría sido en vano, y habrían sido declarados culpables de ser «falsos testigos de Dios» (1 Corintios 15:14-15).
Para hacer frente a este problema de las mentiras, Pablo recuerda a la iglesia que Jesús había resucitado: «…se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía» (1 Corintios 15:6). En otras palabras; aquellos que dudaran podrían ir a comprobarlo con los testigos presenciales para ver si era cierto o falso. La resurrección de Jesús es verdadera, y es la mejor noticia que la humanidad podría escuchar jamás.
Cuando estamos a poco más de un mes de la semana de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, creo que es apropiado que dediquemos algunos minutos a analizar lo que significó y significa para nosotros, y para todo el mundo, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesucristo. Reflexionar en los grandes actos de salvación de Dios, en Cristo, nos ayudará a que nuestro corazón no se canse de agradecerle por habernos dado a nuestro Salvador de una forma tan desinteresada, amorosa e incondicional.
La muerte de Cristo no significa solo que al morir el pagó por nuestras transgresiones, que sí lo hizo, sino también que nos hizo una nueva creación porque, en su muerte, todos morimos, como escribe el apóstol Pablo: “El amor de Cristo nos obliga [compele],porque estamos convencidos de que uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron. Y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado… Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:14-17). Cristo Jesús, como el Hijo del hombre, como el postrer Adán, asumió nuestra propia naturaleza humana para sanarla, restaurarla y liberarla de la condición caída y separada del Creador, como consecuencia del pecado, como escribió Pablo: “Pues, si por la transgresión de un solo hombre [Adán]reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo. Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos” (Romanos 5:17-18).
Ireneo (murió en 202 d.C.) y Atanasio (murió en 373 d.C.), así como Gregorio de Nacianzo (murió en 389 d.C.), primeros maestros y teólogos trinitarios prominentes, enfatizaron la naturaleza vicaria de la humanidad que Jesús asumió en su Encarnación. Solo por medio de su nacimiento, vida, muerte en sacrificio y resurrección del Hijo de Dios Encarnado podía Dios salvar a la humanidad: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco me- nor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9 Biblia Reina Valera 1960).
La resurrección de Cristo no solo significa que con ella nos mostró que él es verdadero hombre, sino también verdadero Dios: “…que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos”·(Romanos 1:4 Biblia Reina Valera ). Pero eso no es todo, en la resurrección de Cristo todos resucitamos a una nueva vida en él, porque él nos incluyó a todos en su cuerpo de carne: “Vosotros la recibisteis al ser sepultados con él en el bautismo. En él también fuisteis resucitados mediante la fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos” (Colosenses 2:12). “En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado. Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él… De la misma manera, también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús”. (Romanos 6:5-8, 11).
Pero no acaba ahí la inconcebible maravilla del amor y el poder de Dios en Cristo. En la ascensión de Cristo todos ascendimos y, en él, nos llevó a los lugares celestiales que Jesús ya les dijo a los discípulos que iba a preparar: “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentrad vuestra atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues vosotros habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es vuestra vida, se manifieste, entonces también vosotros seréis manifestados con él en gloria” (Colosenses 3:1-4). “En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya os lo habría dicho. Voy a prepararos un lugar. –Cristo no había muerto todavía–Y, si me voy—al resucitar— y os lo preparo, vendré para llevaros conmigo—los cuarenta días de apariciones después de resucitado. Y en su ascensión, incluidos en él, nos ascendió a los lugares celestiales–. Así estaréis donde yo esté. Vosotros ya conocéis el camino para ir a donde yo voy” (Juan 14:2-4). Por supuesto, en esto está la tensión del “ya, pero no todavía en plenitud”. Es ya una realidad espiritual en Cristo, pero no todavía en su plenitud. ¿Cuándo se hará realidad en plenitud?: En la manifestación gloriosa de Cristo, a su venida para establecer la plenitud del Reino de Dios: “Cuando Cristo, que es vuestra vida, se manifieste, entonces también vosotros seréis manifestados con él en gloria”.
Es por la extraordinaria y gozosa realidad de todas estas bendiciones que Dios nos ha dado en Cristo, que tenemos que estar agradecidos sin medida por la pasión, muerte, resurreccióny ascensión de Jesucristo. En poco más de un mes los cristianos celebraremos la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Puede que te preguntes, ¿por qué tuvo que morir Jesucristo? Para abrazarnos en el abrazo de amor más intenso y apretado que nos pueda haber dado nadie. Y ese abrazo se llevó a cabo cuando dijo “Consumado es, hecho está”.
Como ya sabemos, en el Nuevo Pacto, lo importante no son los días, sino a quién y qué celebramos en ellos (Romanos 14:5-8). Para permitir que los hermanos que deseen venir de fuera de Madrid para celebrar la Cena del Nuevo Pacto en Cristo en unidad, como todos los años, la celebraremos el viernes 3 de abril a las 6:00 de la tarde. Antes podremos participar del lavamiento mutuo de los pies, como él nos encomendó hacer y es nuestra tradición. Los hermanos que vivís fuera de Madrid tendréis que encargaros de tener preparado el pan y el vino (puede ser pan sin levadura, como es nuestra tradición, en este caso podéis usar crackers; o con levadura, si así lo preferís). Yo compartiré con todos los que formáis parte del grupo de WhatsApp “CIG-AUDIOS-SUBSCRIPTO-RES” el mensaje de la Última Cena del año pasado, unos días antes de la celebración, para que podáis participar por medio del mismo. En la grabación está incluida la bendición del pan y del vino, por si no queréis hacerla por vosotros mismos.
Pido a Dios que recordemos con gozo y agradecimiento estas maravillosas y transformadoras verdades de lo que Dios, por su amor incondicional e inmerecido, ha hecho en, y por medio de Cristo, por cada uno de nosotros, y por todos los seres humanos. Mi esposa y yo deseamos y pedimos que Dios os bendiga, os llene de su gozo y agradecimiento al reflexionar y conmemorar el sacrificio amoroso de nuestros Señor. Recibid un afectuoso abrazo fraternal con amor en Cristo de parte de mí esposa y mía.
Pedro Rufián Mesa
Director-Editor de Verdad y Vida
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