Cartas a los lectores

Madrid, 10 de diciembre de 2025
Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores y lectores de Verdad y Vida:
En general, la Navidad se ha convertido en un tiempo de grandes ventas, de egocentrismo y de la ignorancia más supina de la razón y la verdad de la celebración de esta temporada. Es decir que, en general, el ser humano sigue viviendo en la obscuridad que había cuando el Verbo eterno de Dios tomó carne y entró en su creación para rescatarla de su propia locura desenfrenada y segura destrucción. Creo que esta temporada es bueno que dediquemos algunos minutos a analizar por qué Dios se encarnó, y qué significó eso para todos los seres humanos. Analizarlo nos ayudará a que nuestro corazón no se canse de agradecer a Dios por habernos dado a nuestro Salvador de una forma tan desinteresada, amorosa e incondicional.
El Dios unitrino creó a los seres humanos porque quería compartir con ellos su relación de amor. En su omnisciencia, él sabía que aquellos, en su ignorancia, obstinación, orgullo e influencia del enemigo, se iban a rebelar en contra de su Creador. Pero es tanto el amor que Dios tiene por su creación, que su Hijo unigénito tomaría carne para entregarse por ella: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él” (Juan 3:16-17).
¿Qué le costó al Hijo eterno de Dios rescatarnos? No hay palabras suficientes para describir lo que significó, que el Verbo que “estaba con Dios”, y que “era Dios” (Juan 1:1), entrara en su creación limitándose a las leyes físicas que él mismo había puesto en moción, incluyendo la muerte. El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, expresa ese costo así: “…quien, [Cristo]siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!” (Filipenses 2:6-8). Se rebajó voluntariamente, se hizo siervo y se humilló a sí mismo para poder sanarnos de la enfermedad de la muerte eterna que nos aguardaba a todos, por haber elegido declararnos en rebeldía y separarnos de nuestro Creador. Él eligió morir por nosotros y, como nuestro Creador, pagar lo que nuestros pecados demandaban para que la justicia de Dios no fuese quebrantada. Nos atrajo a todos a sí mismo y, con sus brazos abiertos en la cruz, nos abrazó, como él mismo afirmó: “Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo” (Juan 12:32). Su abrazo de Amor incondicional, en su sacrificio, abrió el camino para que el Padre nos reconciliara consigo mismo a todos los seres humanos (2 Corintios 5: 18-19).
En principio, cuando el Hijo eterno de Dios entró en la tierra, lo hizo como Emanuel, que significa Dios con nosotros: “«La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel» (que significa «Dios con nosotros»)” (Mateo 1:23), que daba cumplimiento a la profecía en Isaías 7:14. Pero su plan, desde el principio, era venir a vivir en cada creyente. Pero para ello tenemos que aceptarle y recibirle, ya que él no nos impone su voluntad: “Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” (Juan 1:11-13). Este nacer de Dios se lleva a cabo cuando su Espíritu hace morada en el creyente. Esto se empezaría a producir una vez que nuestra casa fuese limpiada y emblanquecida por la sangre preciosa de Cristo. El mismo Jesús lo dijo así a los discípulos: “Y yo pediré al Padre, y os dará otro Consolador para que os acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero vosotros sí lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros. No os voy a dejar huérfanos; volveré a vosotros… En aquel día os daréis cuenta de que yo estoy enmi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros… El que me ama obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra morada en él” (Juan 14:16-18, 20, 23). Esta increíble e impensable realidad se empezó a cumplir desde el primer Pentecostés de la iglesia cristiana. Dios vino a habitar en aquellos 120 discípulos reunidos en el cenáculo, entre ellos María, la madre de Jesús. Y lo hizo con gran estruendo y unas lenguas de fuego que se posaron sobre las cabezas de cada uno, para que no tuvieran duda del gran milagro que estaba aconteciendo de parte de Dios, y pudiesen dar testimonio de ello a los futuros creyentes que Dios fuese sumando a la iglesia (Hechos 2:1-4). Cristo vino para vivir en nosotros por medio del Espíritu, lo que nos convierte en hijos de Dios. ¡Qué extraordinario! ¡Cuán desbordante e impensable es el amor de Dios!
Cuando el Padre nos llama, ¿qué es lo que Cristo desea que hagamos?: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). “Yo estoy a la puerta y llamo. El que me abre entro y ceno con él”. En tu vida, ¿está Cristo a la puerta llamando, o está desayunando, almorzando y cenando contigo cada día? Él para eso vino como aquel bebé absolutamente indefenso y dependiente de la leche del seno de su madre, que él mismo había creado y del que en estos días celebramos su nacimiento. Todo esto es la verdadera razón de la Navidad.
Este ejemplar de Verdad y Vida que tenéis en vuestras manos da inicio al trigésimo año desde que Dios nos movió a sacrificarnos e iniciar su impresión y envío desde España. ¡Toda una generación! Es tanto el amor que Dios nos ha dado por vosotros, los lectores, que pensar que tendríamos que dejar de imprimir la revista, por la increíble subida de su franqueo, de 0,69 € a 1,60 €, ¡un 131,9%!, porque Correos ya no nos permite enviarla con la tarifa de “Publicaciones Periódicas”, nos inmovilizaba. Siendo conscientes de que la mayoría de nuestros lectores son personas mayores, a los que de ninguna manera queríamos dejar sin su revista, después de muchas oraciones, hemos decidido quitarle un folio. De esa forma logramos que su peso no pase de 50 gramos, y así poder reducir el costo del franqueo. No obstante, incluso así, el pasar de la tarifa de “Publicaciones Periódicas” a la de “cartas”, significa un aumento del costo del franqueo de cada ejemplar de un 50%, que será aún más con la subida que se producirá a principios de 2026.
Como hemos hecho durante los últimos años, y como una pequeña muestra de nuestro agradecimiento a todos aquellos hermanos y colaboradores que habéis enviado algún donativo durante el año 2025, te adjuntamos el calendario devocional Tesoros Escondidos-2026, del ministerio MSD, que esperamos sea de tu agrado y bendición.
No sabemos si por desconfianza, olvido o dejadez, lamentablemente menos de un 30% de los subscriptores nos han devuelto relleno el formulario de consentimiento, que adjuntamos con el ejemplar anterior, que la Agencia Nacional de Protección de Datos nos obliga a tener en nuestros archivos de cada una de las personas de las que tengamos datos personales, como nombre y apellidos, dirección, teléfono, etc. De nuevo, pedimos encarecidamente a TODOS los lectores, incluyendo a todos los miembros de la CIG y a los colaboradores que NOS ENVÍEN CUANTO ANTES, debidamente rellenado, el formulario de consentimiento, que os adjuntamos con el ejemplar anterior de Verdad y Vida. Sintiéndolo mucho, a todo subscriptor que no nos remita el formulario de consentimiento, tendremos que darlo de baja en nuestros listados de subscriptores, ya que, en caso de una inspección, no queremos incurrir en una sanción que va desde los 40.000,00 € a más de un millón, lo que significaría el final inmediato de nuestro ministerio. Una vez rellenado el formulario, ¿cómo puedes enviarlo? La forma más cómoda y fácil es tomar una foto con tu móvil, que sea clara, de todo el formulario y enviarla adjunta al WhatsApp 626 468 629. También puedes enviarlo al correo electrónico iduespana@yahoo.es, como un adjunto escaneado en PDF, o como un archivo de imagen. O lo puedes enviar por correo postal a la siguiente dirección: Verdad y Vida, C/. Real, 26; 28610 Villamanta, (Madrid). La CIG, es la única depositaria de esos datos personales y, como exige la ley, los mantendrá con medidas de seguridad, como contraseñas, etc. y al acceso solo de las personas autorizadas.
¡Muchas gracias por vuestra colaboración!Pedimos que todos nos sintamos movidos a darle gracias a Dios por lo que significó para todos la inigualable y única bendición de la Encarnación de su Hijo, y que siempre estemos dispuestos a permitirle morar en nuestras mentes y corazones. Muchas gracias por vuestra dedicación, oraciones y apoyo. Recibid un afectuoso abrazo fraternal, con Amor en Cristo, de parte del pequeño equipo de voluntarios que, desinteresada y gratuitamente, hace posible este ministerio de Amor, Fe y Esperanza, de mi esposa y mía. Deseamos que disfrutéis de una bendecida, gozosa y agradecida celebración de la Encarnación del Hijo de Dios, y que él nos bendiga a todos con un buen año 2026, para hacer su voluntad y compartir su amor con los demás.
Pedro Rufián Mesa
Director-Editor de Verdad y Vida
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Muchas gracias por tu colaboración.
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