
Cartas a los lectores

Madrid, 28 de abril de 2026
Estimados amigos, queridos y fieles hermanos en Cristo, colaboradores y lectores de Verdad y Vida:
Junto con el pequeño pero fiel equipo de voluntarios que, con la imprescindible, incondicional y generosa ayuda de Dios, hace posible Verdad y Vida, nuestra página Web, www.comuniondelagracia.es, que en este año ya ha recibido hasta ahora más de de 7.700 visitas, y en total más de 200.100, y todos los demás aspectos del ministerio de la Comunión Internacional de la Gracia (CIG),mi esposa y yo deseamos y pedimos que estéis bien de salud, y fortalecidos cada día en la fe, la esperanza y el amor por medio del don de Dios en nosotros: el Espíritu Santo.
En mi caso, y después de haber concluido el segundo ciclo del tratamiento, gracias a Dios, muchos de los indicadores tumorales muestran signos positivos, por ejemplo, la gammagrafía muestra que no hay nuevas metástasis. Ha bajado la fosfatasa alcalina en sangre, lo que indica que el desgaste de mis huesos está empezando a disminuir. La hemoglobina ha subido casi un punto a 10,3. Todavía dista de los 13 puntos como baremo normal mínimo, pero es una señal positiva de que la úlcera está sanando, cosa que ya mostró la gastroscopia que me hicieron hace pocos días. Todavía falta que el PSA empiece a descender. Confío que con la ayuda de Dios empiece a bajar conforme a su santa y soberana voluntad. Mientras tanto, gracias a la acción del Espíritu de Dios, mi confianza y fe en el Señor, como mi verdadero y único sanador no deja de afirmarse y crecer cada día. Muchas gracias por vuestras oraciones y palabras de ánimo.
Siempre que me pongo delante del ordenador para escribir un artículo, una entrada para la página Web, o una carta circular, como esta, le pido a Dios que me guíe por medio del Espíritu Santo a poder inspirar y enseñar a los lectores principios bíblicos que ayuden a cambiar sus vidas. Hoy deseo compartir con todos vosotros la parábola llamada “Los obreros de la viña” en Mateo 20:1-16. Esta parábola ilustra las verdades que Jesús había declarado anteriormente al joven que le había preguntado: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mt. 19:16). “Jesús le contestó que era más fácil que pasara un camello por el ojo de la aguja que un rico entrara en el Reino de Dios. Sus discípulos al oírlo se quedaron asombrados en gran manera y le dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; más para Dios todo es posible” (Mat 19:25-26). El ser humano no puede hacer nada para salvarse a sí mismo ni a sus semejantes. Solo Dios puede salvar.
La parábola empieza: “Porque el reino de los cielos –o el reino de Dios– es semejante a un hombre, padre de familia, –Dios Padre– que salió por la mañana a contratar obreros para su viña”. –El griego sugiere muy de mañana, antes del día– ¿No nos dice la palabra de Dios que Él salió a rescatarnos desde antes de la fundación del mundo por medio de su Hijo, su siervo? (1 Pe. 1:18-21).La viña del Señor, en el Antiguo Testamento era Israel, pero en el Nuevo Testamento es la Iglesia, y la obra que el Espíritu Santo está llevando a cabo, por medio de la misma, para bendición del mundo. Algo que tenemos que tener claro todos los cristianos es que somos obreros en la viña del Señor. El fin de nuestra salvación no se acaba en nosotros. Dios nos salva gratuitamente, por medio de la fe, para seguir alcanzando a otros por medio de nosotros, sus obreros.
“Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña”. Estos se fueron a su viña alrededor de las seis de la mañana. El padre de familia volvió a salir a la plaza hacia las nueve de la mañana, y viendo a otros obreros los invitó a ir a su viña también, diciéndoles que “les daría lo que fuese justo”. Jesús dijo que salió también alrededor del mediodía, a las tres de la tarde “e hizo lo mismo”. Luego volvió a salir a alrededor de las cinco de la tarde, cuando el día estaba declinando ya, y también los invitó a ir a su viña diciéndoles: “…recibiréis lo que sea justo”.
Hasta los años sesenta o setenta del pasado siglo los jornaleros agrícolas, especialmente en Andalucía, se reunían en la plaza del pueblo esperando que alguien los contratara. Así estamos en este mundo esperando que Dios el Padre nos llame: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Jn 6:44, 65). Ninguno de nosotros hemos hecho nada para ser llamados. Dios el Padre tomó la iniciativa acercándonos a Él y nos llevó al arrepentimiento por medio del Espíritu Santo, (Romanos 2:4).
Otra cosa que podemos notar en esta parábola es que es el padre de familia el que sale a encontrarse con los obreros a los que invita a ir a su viña. Es lo mismo que sucede en la parábola llamada del Hijo Pródigo. Es el padre el que sale e invita a ambos hijos a la fiesta que ha organizado para ellos.
Cuando llegó la noche, el padre de familia le dijo a su mayordomo, Jesucristo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros” (Mateo 20:8). Esto muestra que estuvieron dispuestos a aceptar la invitación. Es lo que tenemos que hacer cada uno de nosotros cuando la llamada de Dios llega a nuestros oídos, aceptar su llamamiento. Al llegar los últimos invitados, que apenas habían llegado a la viña, y los demás obreros vieron que recibieron un denario empezaron a pensar que ellos recibirían más. Pero al ver que también recibieron un denario empezaron a murmurar contra el padre de familia y consideraron que los estaban agraviando. ¿Cuál fue la respuesta del Padre de familia?: “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? ¿Y que dejó Jesucristo como conclusión de la parábola?: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos” (Mateo 20:15-16).
Puede haber personas que después de leer la parábola piensen: “Bueno, yo ya tengo 70 ó 78 u 80 años, así que no merece la pena que dé el paso de aceptación de la invitación del Señor y me bautice y entregue mi vida a Él. Yo ya puedo hacer poco en su viña”. Nada más lejos de la realidad. Como veremos al final, no se trata de lo que tú puedas hacer, o dejar de hacer en la viña del Señor, sino de lo que Dios ha hecho por ti en Jesucristo. Si Él te está llamando hoy no endurezcas tu corazón y acepta su invitación.
Nosotros creemos que Dios, de una forma u otra en su misericordia, va a darle la oportunidad de escuchar el mensaje de la salvación a todos aquellos que no lo escucharon durante su vida física. Alguno puede pensar: “entonces será más fácil para ellos, o, ¿cómo es posible? ¡Eso es injusto!». Es por gracia, absolutamente por gracia. Sencillamente, no por nada que tú o yo hayamos hecho, o podamos hacer.
Sin duda que al darle a cada uno un denario, no podemos sino pensar que representa la salvación, dada no por lo que hagamos sino por haber aceptado en fe la invitación de Dios del sacrificio de Jesucristo en nuestro lugar. No es en realidad un pago por lo hecho, sino lo dado por aceptar su invitación. Delante de Dios todos somos “iguales” con respecto a la salvación. Tenemos que ser llamados y aceptar que no podemos hacer nada para ser salvos, y prueba de ello es que el mayordomo le da el mismo pago a todos, a aquellos que fueron llamados al principio, como aquellos que apenas llegaron a trabajar. ¿Qué hizo el buen ladrón al que Jesús le dio la salvación estando para morir crucificado a su lado? Nada, sino solo aceptar por fe que Jesucristo era su Salvador.
La salvación es absolutamente por gracia a través de la fe en Cristo Jesús, es para todos igual, no depende de ninguna forma de lo que hayamos hecho, estemos haciendo, o vayamos a hacer: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;… Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:8-10). ¿Cuáles son esas obras? Obedecer al Señor de la viña porque responder en fe a la invitación del padre de familia, conlleva obedecerle. Pero no para ser salvos, sino porque ya nos ha salvado. Esas obras se resumen en los dos grandes mandamientos: “Amarás al Señor tu Dios… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mar 12:30-31). Y el segundo aspecto es ser instrumentos útiles para llevar a cabo la comisión que nos dejó Jesucristo en (Mateo 28:18-20).
Con la parábola Jesús también da a conocer la naturaleza generosa y abarcadora de Dios. La historia cuestiona el concepto de la justicia humana y resalta el amor infinito de Dios por todos sus siervos, enfatizando que su gracia y amor se ofrecen por igual a todos, independientemente de la cantidad de trabajo realizado.
El pequeño, pero fiel equipo de colaboradores directos en nuestro ministerio, mi esposa y yo deseamos y pedimos que Dios nos de la humildad suficiente para reconocer que en Dios no hay injusticia, sino un amor y una generosidad sin medida por todos los seres humanos. Recibid un afectuoso abrazo fraternal con amor en Cristo de parte de mí esposa y mía.
Pedro Rufián Mesa
Director-Editor de Verdad y Vida
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